El mercado de trabajo en Argentina finalizó el cuarto trimestre de 2025 con una tasa de informalidad laboral que alcanzó el 43 por ciento de la población ocupada. Los datos oficiales del Indec confirman que casi la mitad de los trabajadores argentinos desempeña sus tareas sin aportes jubilatorios ni cobertura de salud. El fenómeno muestra una marcada brecha de género, ya que la precariedad afecta al 44,5 por ciento de las mujeres frente al 41,8 por ciento de los varones.
La situación es especialmente alarmante en los extremos de la vida laboral. En el segmento de jóvenes de hasta 29 años, la informalidad supera el 58 por ciento, mientras que para los adultos mayores de 65 años que permanecen activos, la cifra escala hasta el 61,6 por ciento en el caso de las mujeres. Esta realidad consolida un escenario de vulnerabilidad donde los sectores con menor acceso al sistema formal son también los más afectados por la inestabilidad de ingresos.
En cuanto a la distribución geográfica, la Patagonia registró una de las tasas de desocupación más bajas del país con un 4,8 por ciento, ubicándose por detrás de regiones como el Gran Buenos Aires o la zona pampeana, donde el desempleo fue significativamente superior. Sin embargo, a nivel nacional, la falta de registro laboral sigue ligada de manera directa al tamaño de las unidades productivas. En las empresas de hasta cinco trabajadores, la informalidad trepa al 69,5 por ciento, mientras que en las grandes firmas de más de 40 empleados el indicador desciende drásticamente.
Al analizar las ramas de actividad, el sector de la construcción concentró el mayor porcentaje de desocupados con un 19,3 por ciento, seguido por el comercio con un 16 por ciento y el servicio doméstico con un 11,3 por ciento. Por otro lado, rubros como hoteles y restaurantes presentan niveles de precarización cercanos al 60 por ciento, marcando un contraste con sectores como salud o enseñanza, donde el empleo registrado tiene una presencia mayoritaria.
E.B.W.