El desperdicio en la producción agrícola global es alarmante: según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), cerca del cuarenta por ciento de los cultivos se pierden por plagas. Ante este escenario, Pedro Bocca, científico del Instituto de Automática de San Juan, trabajó durante seis años para crear una solución que parece sacada de una película. Se trata de un robot que combina cámaras de alta precisión con redes neuronales para escanear hojas de olivos y otros árboles directamente en el campo, superando las limitaciones de los laboratorios donde las condiciones de luz son siempre perfectas.
“Los sistemas actuales fumigan de forma masiva sin discriminar ejemplares enfermos de los sanos”, explicó Bocca sobre la problemática que lo llevó a diseñar este equipo que tiene un noventa por ciento de efectividad. El robot funciona con una cámara frontal que analiza el estado de cada planta y un brazo robótico trasero que despliega los picos de fumigación solo donde la inteligencia artificial lo indica. Esto permite que, si la parte baja de un árbol está sana pero la copa está enferma, el veneno se aplique únicamente arriba, cuidando el bolsillo del productor y la salud del medio ambiente.
“El sistema logra detectar si la hoja está sana, si está enferma o si no es clasificable”, detalló el ingeniero electromecánico, aclarando que el software es capaz de descartar errores causados por sombras o suciedad en los píxeles. Además de su uso actual en olivos, la tecnología ya se está probando en cítricos para combatir virus letales como el HLB, donde la detección temprana es la única forma de salvar el resto de la plantación. Al mapear el terreno con GPS, el productor puede tener un seguimiento histórico de cómo evolucionan las plagas en su campo.
A futuro, el objetivo es montar esta tecnología en tractores para facilitar su uso a gran escala. Para el científico, el impacto va más allá de la eficiencia económica ya que el automatismo evita que los operarios rurales se expongan a productos tóxicos. “Como científicos, podemos potenciar la inteligencia artificial para solucionar problemas básicamente”, concluyó Bocca, remarcando que esta patente nacional pone a la vanguardia una herramienta que garantiza procesos de excelencia, reduce la contaminación de la atmósfera y maximiza la productividad de la tierra.
E.B.W.