Hay partidos que exceden los 90 minutos. Argentina e Inglaterra volverán a verse las caras este miércoles por las semifinales del Mundial 2026 en Atlanta, en un cruce que combina una de las rivalidades más emblemáticas de la historia del fútbol con el objetivo más importante de todos: llegar a la final de la Copa del Mundo.
La Selección de Lionel Scaloni jugará desde las 16 (hora argentina) con la posibilidad de disputar su segunda final mundialista consecutiva. Del otro lado espera un seleccionado inglés que también atravesó un duro camino hasta meterse entre los cuatro mejores. Y en la final ya aguarda España, que eliminó a Francia por 2-0.
El recorrido de Argentina hasta las semifinales volvió a mostrar la personalidad de un equipo acostumbrado a competir bajo presión. Eliminó a Cabo Verde en tiempo suplementario, protagonizó una remontada inolvidable frente a Egipto tras levantar un 0-2 cuando faltaban menos de 15 minutos y luego venció 3-1 a Suiza, otra vez en el alargue.
Inglaterra, por su parte, también sufrió para llegar hasta esta instancia. Dejó en el camino a República Democrática del Congo, derrotó al anfitrión México en un partidazo disputado en el estadio Azteca y superó a Noruega en tiempo suplementario para clasificarse a semifinales.
Una historia que atraviesa generaciones
Será el sexto enfrentamiento entre Argentina e Inglaterra en la historia de los Mundiales.
El primero fue en Chile 1962. Inglaterra ganó 3-1 en la fase de grupos y dejó a la Selección al borde de la eliminación.
Cuatro años más tarde llegó uno de los partidos más polémicos. En los cuartos de final de Inglaterra 1966, Argentina cayó 1-0 después de la recordada expulsión del capitán Antonio Rattín, quien se negó a abandonar el campo durante varios minutos tras no entender la decisión del árbitro alemán Rudolf Kreitlein. Aquel encuentro alimentó una rivalidad que ya venía creciendo y quedó marcado además por las declaraciones del entrenador inglés Alf Ramsey, que calificó a los argentinos como "animales".
El capítulo más recordado se escribió en México 1986. Apenas cuatro años después de la Guerra de Malvinas, Diego Armando Maradona convirtió dos de los goles más famosos de la historia del fútbol. Primero llegó la "Mano de Dios" y, apenas cuatro minutos más tarde, el "Gol del Siglo", una obra maestra que comenzó en campo propio y terminó con Diego inmortalizado dejando rivales en el camino antes de definir ante Peter Shilton. Argentina ganó 2-1 y luego levantaría la Copa del Mundo.
Doce años después, en Francia 1998, la historia volvió a cruzarlos en los octavos de final. Fue un partido inolvidable: Gabriel Batistuta abrió el marcador de penal, Alan Shearer empató también desde los doce pasos y el joven Michael Owen marcó uno de los mejores goles de aquel Mundial. Javier Zanetti igualó con una jugada preparada antes del descanso. En el complemento, David Beckham fue expulsado tras reaccionar a una falta de Diego Simeone y la clasificación se definió por penales. Allí brilló Carlos Roa, mientras que el último remate inglés fue contenido por el arquero argentino para sellar el pase a cuartos de final.
El último antecedente mundialista fue en Corea-Japón 2002. Por la fase de grupos, Inglaterra se impuso 1-0 con un penal convertido por David Beckham, quien tuvo así su revancha personal tras la eliminación de cuatro años antes. Aquel resultado complicó el camino de la Selección dirigida por Marcelo Bielsa, que terminaría quedando eliminada en primera ronda.
Un partido que siempre va más allá del juego
Cada cruce entre argentinos e ingleses inevitablemente remite a la Guerra de Malvinas. La cercanía temporal entre el conflicto bélico de 1982 y el partido de México 1986 hizo que aquel triunfo adquiriera un significado especial para muchos argentinos, especialmente para excombatientes y familiares de quienes participaron de la guerra.
Sin embargo, cuatro décadas después, los protagonistas son otros. Ninguno de los futbolistas que estará en el campo de juego vivió aquellos acontecimientos. La rivalidad deportiva permanece intacta por todo lo que construyeron ambos seleccionados dentro de la cancha y por el peso simbólico que adquirieron sus enfrentamientos mundialistas.
En la previa, miles de argentinos volvieron a copar las calles de Atlanta durante el tradicional banderazo. Hubo camisetas de todos los clubes, banderas llegadas desde distintos puntos del país y el clásico canto de "el que no salta es un inglés", una muestra de que el duelo sigue despertando una pasión diferente entre los hinchas.
La historia ya escribió páginas inolvidables entre Argentina e Inglaterra. Este miércoles será el turno de una nueva. Con Lionel Messi al frente de una generación que ya conquistó el mundo, la Selección buscará sumar otro capítulo a su legado y quedar a un solo paso de defender el título en una nueva final mundialista.
MA