Un fascinante descubrimiento biológico pone a nuestra fauna local en los ojos de la ciencia internacional. Investigadores del Centro de Investigación Esquel de Montaña y Estepa Patagónica (CIEMEP) —institución que depende del Conicet y de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco— confirmaron que el Tuco-Tuco que habita en Esquel y sus alrededores tiene un comportamiento sumamente inusual para su género: vive en comunidades estables y comparte nidos bajo tierra, lo que lo convierte en apenas la tercera especie "social" detectada en todo el planeta.
El estudio, liderado por el biólogo y becario posdoctoral Federico Brook junto a un equipo compuesto por Gabriel Mario Martin, los investigadores riojanos Juan Amaya y Pablo Carrizo, y Eileen Lacey de la Universidad de Berkeley (California), fue publicado recientemente en la prestigiosa revista científica internacional Journal of Mammalogy.
Un homenaje en su ADN y un comportamiento único
La especie en cuestión fue descrita formalmente en 2022 bajo el ombre científico de Ctenomys plebiscitum, un emotivo homenaje al histórico plebiscito de Esquel de 2003 por el "No a la Mina". Este pequeño roedor subterráneo habita exclusivamente en zonas muy delimitadas de nuestra región, como el valle del río Percey, el cordón Esquel y el valle de Nahuel Pan.
De las aproximadamente 70 especies de Tuco-Tucos registradas en Sudamérica, solo se conoce el comportamiento detallado de unas 20, y hasta ahora se creía que eran animales estrictamente solitarios. Con este hallazgo, la especie esquelense se suma a un selecto podio compuesto únicamente por otra especie en Jujuy y una en la sierra de Cuyín Manzano (cerca de Bariloche). Sin embargo, a diferencia de la flexibilidad de los norteños, los grupos de Esquel se destacan por ser sumamente estables y estructurados.
Collares de alta tecnología y cantos particulares
Para develar el misterio de su vida bajo tierra, los científicos del CIEMEP implementaron una metodología milimétrica durante la primavera. Capturaron temporalmente a 19 ejemplares adultos en sus madrigueras para colocarles collares con rastreadores que registraban su ubicación hora por hora, cuidando al máximo los tiempos de manipulación para no estresarlos ni alterar su rutina. Los datos revelaron que los individuos comparten el mismo nido durante las mañanas y, aunque se dispersan en el día, los grupos no se desarman.
Este comportamiento social también cambió su forma de comunicarse. Al estar agrupados y no necesitar emitir sonidos de larga distancia a través de los túneles como las especies solitarias (que hacen ruidos graves), el Tuco-Tuco de Esquel posee una vocalización aguda muy particular, similar al canto de un pájaro.
Este hito no solo aporta información valiosa sobre la evolución y la biología de los roedores fosoriales, sino que revaloriza el patrimonio natural de la cordillera chubutense y la enorme calidad del trabajo científico que se genera desde nuestra ciudad.
F.P