Cada 26 de agosto se celebra en Argentina el Día Nacional de la Solidaridad, una fecha establecida por decreto en 1998 para rendir homenaje al nacimiento de la Madre Teresa de Calcuta. La conmemoración busca poner en valor una cualidad que históricamente se le asigna a la sociedad argentina: la empatía, el compañerismo y la predisposición natural a tender una mano ante la necesidad ajena. Sin embargo, diversos análisis e investigaciones académicas abren un debate profundo sobre qué tan constante es esa conducta cuando se la observa fuera de los momentos excepcionales.
De acuerdo con el estudio Cultura de Dar, realizado en 2024 por la Universidad de San Andrés junto a la consultora Voices! y la firma Qendar, la solidaridad en el país se activa con particular potencia frente a emergencias y desastres puntuales. Ante incendios forestales, inundaciones o crisis comunitarias urgentes, las respuestas colectivas, la recolección de insumos y el trabajo de voluntariado se multiplican con rapidez, demostrando un espíritu colaborativo ante el impacto inmediato.
Sin embargo, al medir la constancia y la colaboración cotidiana, la investigación refleja matices significativos. Solo 3 de cada 10 encuestados declaró haber donado bienes a una organización sin fines de lucro en el último año, mientras que apenas un 20% aportó dinero. El informe indica que el complejo contexto económico y la desconfianza hacia la transparencia institucional frena la ayuda formalizada, volcando la ayuda económica prioritariamente hacia el entorno más cercano, como familiares, amigos, vecinos o comedores barriales.
Esta paradoja entre la percepción y la acción constante también fue abordada por especialistas en debates sobre cultura ciudadana organizados por la Universidad Torcuato Di Tella. En esos espacios de discusión se señaló que, si bien la sociedad argentina se autopercibe masivamente como solidaria y con alta predisposición al rescate mutuo, existe una desconexión con el cumplimiento diario de las normas colectivas. La verdadera solidaridad, afirman los analistas, requiere trascender la reacción emotiva y esporádica para transformarse en un compromiso sostenido con la equidad y el desarrollo del otro.
Por su parte, el estudio de la Universidad de San Andrés destaca un dato esperanzador sobre las nuevas generaciones: el 76% de los jóvenes se percibe solidario y más del 50% manifiesta interés concreto en involucrarse de forma activa para resolver problemáticas sociales o ambientales. Este segmento, además, adopta con naturalidad las herramientas digitales y las billeteras virtuales como vías transparentes y directas para canalizar sus aportes.
La fecha que rinde tributo al legado de la Madre Teresa de Calcuta nos invita a superar las grandes campañas reactivas y reflexionar sobre la conducta individual en la rutina. Más allá del "orgullo colectivo" por la respuesta movilizadora ante la catástrofe, el 26 de agosto deja una pregunta abierta para la vida cotidiana local: ¿qué tan solidarios somos en Esquel?
EBW