Por Lelia Castro
El Museo de Culturas Originarias Patagónicas de Nahuelpan fue escenario este 5 de septiembre de una jornada especial para conmemorar el Día de la Mujer Originaria. Mujeres de distintos lugares se encontraron para compartir conocimientos, artesanías, gastronomía y música, en una propuesta donde el recuerdo de quienes ya no están ocupó un lugar central.
La referente Etelvina Rojas señaló que se trata de una fecha que despierta sentimientos encontrados, porque permite visibilizar la lucha de la mujer originaria y, al mismo tiempo, recordar a las abuelas y a tantas mujeres que dejaron sus enseñanzas.
“Uno piensa en el valor de cada persona, en el legado que nos han dejado muchas abuelas, nuestras abuelas”, expresó.
El legado de las abuelas
Una muestra especialmente preparada para la jornada reunió recuerdos de mujeres que, a lo largo de los años, transmitieron conocimientos, historias y enseñanzas. Algunas continúan presentes y otras permanecen en la memoria de quienes tuvieron la posibilidad de aprender de ellas.
“De cada una tenemos distintos recuerdos, distintas enseñanzas. De cada mujer originaria aprendimos, sobre todo, el valor y la lucha, el respeto a nuestra cultura”, sostuvo Rojas.
La emoción estuvo especialmente presente al recordar a aquellas que partieron recientemente y el vacío que dejan cuando con ellas se van tantos saberes.
“Es muy difícil llenar ese vacío de las personas que se van con tantos saberes”, señaló.
Sin embargo, Rojas expresó su convencimiento de que continúan acompañando a quienes hoy siguen ese camino: “Yo creo que hoy cada una de ellas está con nosotros y está apoyándonos en esto que es tan lindo: conmemorar, recordar, valorar lo que es nuestra cultura”.
Las nuevas generaciones y el interés por aprender
Otro de los aspectos destacados fue el creciente acercamiento de niñas, niños y jóvenes al telar, el hilado, la alfarería, la platería y el aprendizaje del mapuzungún.
Para Rojas, no se trata solamente de aprender una técnica, sino de comprender la historia y el significado que existe detrás de cada práctica.
“No solamente aprenden a hacer una alfarería mapuche o un telarcito, sino que aprenden la historia. Aprenden el valor y el respeto que tiene cada una de las piezas que hacen. Lo hacen con amor, con respeto, con dedicación”, explicó.
La referente recordó que durante muchos años los abuelos debieron conservar y transmitir sus conocimientos de manera silenciosa y principalmente entre quienes tenían cerca. Actualmente, destacó, existen mayores posibilidades de compartirlos mediante talleres y diferentes espacios de Esquel y otros puntos de la región.
“Eso es lo que nos decían nuestros abuelos: en algún momento se van a despertar. Y es así, se están despertando”, afirmó sobre el interés que observa en las nuevas generaciones.
“Ser mujer originaria es todo”
Al referirse al significado que tiene para ella ser mujer originaria, Rojas lo resumió en pocas palabras: “Es enseñar, es compartir, es valorar, es respetar, es sentirnos parte de los que ya se fueron”.
“Para mí la mujer originaria todos los días debería ser, porque todos los días tenemos una terrible lucha”, agregó.
También remarcó la importancia de continuar transmitiendo aquello que dejaron las generaciones anteriores: “Las que ya se fueron nos dejaron el legado para seguir. Así que para mí el ser mujer originaria es todo”.
Saberes, sabores y encuentro
La jornada también recuperó una enseñanza transmitida por los mayores: recibir a quien llega y compartir aquello que se tiene.
Durante el encuentro se prepararon guiso de trigo y tortas fritas, mientras distintas mujeres acercaron alimentos para compartir entre quienes participaron.
“Eso fue lo primero que nos enseñaron: cuando llega alguien a la casa uno tiene que atenderlo con lo que tiene y compartir lo que tiene”, recordó Rojas.
Mujeres de Sierra Colorada, Lago Rosario y Trevelin también llevaron sus piezas para intercambiar o vender. La propuesta se completó con música y distintos momentos destinados al encuentro y, fundamentalmente, al intercambio de conocimientos.
“Tenemos mucho para compartir y muchos saberes para transmitir también”, expresó.
Una poesía dedicada a las mujeres
Hacia el final, Etelvina Rojas compartió una poesía dedicada especialmente a las mujeres, atravesada por la lucha, la perseverancia y el amor:
“Hoy te recuerdo, mujer bella y luchadora, que esconde tu tristeza en un manto de neblina, sabiendo que el sol saldrá para entibiar tu vida y secar tus lágrimas.
La que cae una y mil veces pero se levanta, porque no es por ella, es por lo que la espera, por lo que espera su plato de comida, su ropita, su calzado, sus brazos llenos de amor incomparable.
Por las mañanas, con el trinar de los pájaros, despierta y aprovecha para enviar su mensaje y enseñanza de lucha y perseverancia al viento, al agua, al sol y al universo, para que sepan que nada es imposible si hilamos senderos y tejemos corazones”.
La poesía puso palabras al espíritu de una jornada en la que recordar a quienes ya no están también significó mantener presentes sus enseñanzas. Entre mujeres, abuelas y nuevas generaciones, los saberes continúan encontrando caminos para permanecer vivos y seguir transmitiéndose.