RED43 sociedad El ChalténRed43
05 de Septiembre de 2026
sociedad |

Advierten sobre el riesgo de un aluvión glaciar que afectaría a El Chaltén

Especialistas de CONICET y la UBA detectaron una aceleración en la grieta del cerro Solo que podría colapsar sobre la Laguna Torre. Piden activar protocolos y sensores de alerta temprana.

Escuchar esta nota

A 18.000 kilómetros de la frontera entre Nepal y China, El Chaltén enfrenta un riesgo de inundación repentina asociado a un lago glaciar, un tipo de fenómeno que dejó al menos 1.127 muertos y 4.850 desaparecidos en la tragedia del Himalaya. La comparación no implica que ambos eventos puedan alcanzar la misma escala, pero especialistas advierten que comparten una secuencia física: el desprendimiento de una ladera sobre un cuerpo de agua de origen glaciar, seguido por una descarga abrupta de agua, rocas, sedimentos y troncos.

 

En Nepal, la riada afectó poblaciones enteras del norte y el centro del país. La crecida del río Trishuli llegó a ubicarse entre 15 y 18 metros por encima de su nivel habitual y destruyó asentamientos a lo largo de 72 kilómetros. El episodio, registrado el pasado 26 de agosto en Rasuwa, expuso las consecuencias que puede producir un desborde súbito de un lago glaciar en un valle ocupado por viviendas, caminos e infraestructura.

 

En el sur de la Argentina, el escenario bajo observación se encuentra en la cuenca de la Laguna Torre, a unos 10 kilómetros de El Chaltén, en Santa Cruz. Allí, la ladera norte del cerro Solo muestra signos de inestabilidad desde hace años. Un colapso de rocas y material de montaña sobre el lago podría levantar una ola interna, romper la morena terminal que retiene el agua y liberar una masa de agua por el valle del río Fitz Roy. Ese proceso se conoce como GLOF, una sigla en inglés que refiere a las inundaciones por desborde de lagos glaciares.

 

El fenómeno depende de una combinación de factores: la presencia de agua contenida por barreras naturales, el retroceso de los glaciares, la desestabilización de las laderas y un disparador capaz de provocar una ruptura o un deslizamiento. La amenaza no reside en una crecida gradual, como la de un río que aumenta su caudal durante días, sino en la velocidad y la fuerza con que el agua puede avanzar valle abajo.

 

La investigadora Mariana Correas González, del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA-CONICET), explicó que el retroceso glaciar deja expuestas las pendientes que antes tenían apoyo en el hielo. “Al perder ese sostén, las laderas pueden volverse inestables y producir avalanchas de gran volumen. En el caso del cerro Solo, ese material podría caer hacia la Laguna Torre, un sitio transitado a diario por visitantes que recorren los senderos del Parque Nacional Los Glaciares”, sostuvo la experta glacióloga.

 

Y agregó: “El Lago Torre, ubicado a unos diez kilómetros de la ciudad de El Chaltén, es uno de los cuerpos de agua considerados en situación de vulnerabilidad. Hay varios indicios de inestabilidad del Cerro Solo. Hay fotos que van mostrando cómo va cediendo un costado de la ladera. Y eso puede provocar una inundación en el Chaltén”.

 

Para la especialista, un volumen de material glacial colapsado que se desplaza al lago puede romper la morena, o barrera de contención natural que tiene el lago. Es un material de detritos o fragmentos de roca de distintos tamaños, que van de centímetros a grandes metros. “Eso pasó en Parque Nacional Los Glaciares se produjo en febrero de 2013 con un colapso del canal Upsala, mucho más profundo y grande que el lago Torre”, recordó.

 

El riesgo en el cerro Solo y la Laguna Torre

 

La preocupación científica no surgió a partir de la tragedia ocurrida en Nepal. Los investigadores analizan la cuenca desde hace años, con estudios sobre la evolución del hielo, las pendientes rocosas y los lagos que se forman o crecen tras el retroceso glaciar. El desastre asiático funcionó como una advertencia pública sobre un peligro que, en la Patagonia, ya contaba con antecedentes geológicos e históricos.

 

Correas González señaló que una masa desprendida desde el cerro Solo podría impactar sobre la Laguna Torre y generar una ola capaz de superar o fracturar la barrera natural del lago. “Rompiendo la barrera que contiene el agua, se produciría una inundación repentina”, advirtió.

 

La científica mencionó las investigaciones de Daniela Schmidt, integrante del Instituto de Estudios Andinos Don Pablo Groeber de la Universidad de Buenos Aires (IDEAN-UBA). El trabajo de seguimiento de la ladera permite identificar cambios y estimar escenarios de posible colapso, aunque no permite fijar una fecha precisa para un desprendimiento. Esa incertidumbre define una de las dificultades centrales de la gestión del riesgo: no existe una cuenta regresiva exacta pero sí indicadores, que justifican medidas de prevención.

 

Las mediciones recientes sumaron otro elemento de preocupación. De acuerdo con los datos expuestos ante el Concejo Deliberante de El Chaltén, la grieta detectada en la ladera se desplazó durante el último año tanto como durante los siete años previos en conjunto. A la vez, el volumen de agua de la cuenca del glaciar Torre resultó mayor que el calculado en las primeras simulaciones de 2018, debido a la formación de un segundo cuerpo de agua por el derretimiento sostenido.

 

El geólogo Diego Winocur, parte del equipo que estudia la zona, describió ante los concejales el mecanismo que podría derivar en una emergencia: “Hay parte de una ladera que se está moviendo lentamente, que proviene del glaciar que está en las cabeceras, y esa ladera desemboca directamente en un lago. Y si eso se cae abruptamente, ese lago puede desbordarse”.

 

Los cálculos disponibles estiman que el flujo tardaría entre 45 minutos y una hora en alcanzar El Chaltén desde la Laguna Torre. El agua descendería por el río Fitz Roy, que corre junto al pueblo. El tiempo disponible para alertar y evacuar resulta limitado, sobre todo en una localidad que concentra visitantes en senderos, campamentos, alojamientos y áreas cercanas a los cursos de agua.

 

Schmidt advirtió que el control actual todavía depende de imágenes satelitales tomadas cada tres o cuatro días. Ese sistema permite seguir la evolución general de la pendiente, pero no ofrece una vigilancia continua. Si el desprendimiento ocurriera entre dos registros, la detección llegaría tarde: “Nos enteraríamos después de que sucedió”, reconoció la geóloga.

 

El riesgo tampoco se distribuye de manera uniforme. Un evento diurno podría encontrar a cientos de turistas en los senderos hacia la Laguna Torre o en los campamentos ubicados dentro del área protegida. Un colapso nocturno podría afectar con más intensidad a la población que permanece en el ejido urbano, en viviendas o establecimientos situados cerca de la ribera. En ambos casos, la evacuación dependería de alertas rápidas, rutas conocidas y puntos seguros definidos de antemano.

 

Los efectos posibles también abarcan infraestructura esencial. Las proyecciones incluyen daños sobre el puente de acceso a El Chaltén, construido sobre el río Fitz Roy. La interrupción de esa vía podría aislar a la localidad del resto de Santa Cruz. El flujo también alcanzaría sectores de la franja costera donde se encuentran la planta de gas, la central eléctrica y el puesto sanitario.

 

“No sería de la misma magnitud”, aclaró la concejal Elizabeth Romanelli al comparar la amenaza de El Chaltén con la catástrofe de Nepal. La diferencia de escala no implica ausencia de peligro: una inundación de menor alcance puede provocar consecuencias graves en una localidad pequeña, con un único acceso vial y servicios básicos expuestos a la cercanía del río.

 

Antecedentes históricos y el plan de contingencia que reclama la localidad

 

Los eventos de este tipo forman parte de la historia ambiental del Parque Nacional Los Glaciares. Winocur y Schmidt publicaron este año en la revista Springer Nature el primer registro sistemático de paleoinundaciones repentinas y dos eventos históricos de GLOF en la cuenca del río Blanco.

 

El estudio identificó cinco episodios en un sector confinado de los Andes y documentó dos casos con datos concretos. Uno ocurrió en el lago Sucia entre 1966 y 1968, cuando se liberaron cinco millones de metros cúbicos de agua y el caudal máximo llegó a 1.200 metros cúbicos por segundo. El otro se produjo en 1913, en el lago Piedras Blancas, con una descarga de hasta 1,3 millones de metros cúbicos.

 

“La identificación de cinco eventos distintos en un sector confinado de los Andes enfatiza la naturaleza recurrente de estos fenómenos catastróficos y subraya la necesidad urgente de una evaluación de riesgos actualizada. Esto es particularmente relevante considerando el creciente número de visitantes, ya que el área incluye una densa red de rutas de senderismo, campamentos y alojamientos”, explicaron los expertos.

 

El antecedente científico y el avance de la ladera impulsaron una resolución del Concejo Deliberante de El Chaltén, que exige la elaboración urgente de un plan integral de evacuación y contingencia. La iniciativa apunta a que el municipio coordine acciones con Parques Nacionales y organismos provinciales para definir protocolos ante los distintos escenarios posibles.

 

Romanelli cuestionó la demora institucional de las autoridades respecto a un plan de contención y de acción: “Parques Nacionales está muy involucrado en el tema, junto con la Asociación de Amigos del Parque, en colocar unos sensores de alerta temprana para que nos den una posibilidad de 45 minutos a una hora de tiempo”. Destacó además que el objetivo consiste en detectar movimientos de masa en tiempo real y transmitir la información a las autoridades antes de que un deslizamiento alcance el lago. La tecnología no evita el colapso, pero puede aportar minutos decisivos para activar una alarma y ordenar el desplazamiento de personas hacia áreas seguras.

 

La concejal sostuvo que los dispositivos se encuentran en una etapa avanzada de gestión, aunque el sistema de respuesta todavía requiere definiciones: “Estamos ahora pidiéndole a la provincia y al municipio que empiecen con estos protocolos de evacuación, que es lo que nos estaría faltando”.

 

Dentro del parque ya existen medidas preventivas. La seccional Lago Viedma trasladó la senda hacia la Laguna Torre, instaló cartelería sobre el fenómeno y las rutas de evacuación y reubicó el Campamento D’Agostini en un sector considerado más seguro. Esas decisiones reducen la exposición de quienes recorren el área, pero el desafío principal se concentra en articular una respuesta que incluya a toda la localidad.

 

Los cuatro ejes esenciales de un plan de contingencia

 

Correas González comparó la situación con el riesgo sísmico de Mendoza: una amenaza persistente que exige incorporar medidas de prevención a la vida cotidiana, sin paralizar las actividades de la población. “Acá es lo mismo. Esto es un riesgo latente”, remarcó.

 

En ese sentido, detalló que un buen plan de contingencia abarca cuatro patas:

 

  1. Conocer el riesgo o monitoreo de riesgo de alerta: Con sensores que midan las variaciones en el lago a nivel general. También sensores río arriba y río abajo. Si baja el sensor del lago, medir si se ha elevado el nivel del río. Se puede determinar la velocidad del agua también.

     

  2. Instalar cámaras: Que filmen y saquen fotos, transmitiendo en forma directa a una central con personas que controlen los cambios o variaciones tanto en la ladera como en el lago.

     

  3. Tener capacidad de respuesta: Definir roles y responsabilidades a nivel institucional. Al sonar la alarma, determinar qué se hace con los servicios, la circulación de las personas, las escuelas y comercios.

     

  4. Difusión y comunicación: Que la capacidad de respuesta se organice y que llegue a cada familia e institución. Por ejemplo, la gente debe conocer el plan de evacuación y qué zonas son seguras.

     

La preparación antes de la temporada de verano aparece como el próximo objetivo. El aumento de visitantes multiplica la cantidad de personas que podrían requerir información, alarmas y orientación en caso de emergencia.

 

“Para la parte instrumental del Sistema de Alerta Temprana (SAT) se han previsto cámaras para monitorear la ladera susceptible de deslizar, sensores de nivel del lago y del río, una estación meteorológica para monitorear variables climáticas clave (temperatura, precipitación, humedad del suelo, viento) y un software que integre toda esa información en un puesto de monitoreo y control”, concluyó Correas González.

 

El riesgo de un GLOF en El Chaltén no supone que el aluvión vaya a ocurrir con certeza inmediata, pero los estudios sobre el cerro Solo, los antecedentes de la cuenca y el caso de Nepal refuerzan un escenario concreto: si el evento sucede, la diferencia entre una evacuación ordenada y una respuesta tardía puede depender de menos de una hora.

 

T.B

 

¿QUÉ TE PARECIÓ LA NOTA?
Ocurrió un error