El 3 de marzo de 1994 el joven Omar Carrasco fue incorporado al Grupo de Artillería 161 de Zapala, Neuquén, para cumplir con el Servicio Militar Obligatorio. Según la versión del Ejército, el 6, Carrasco dijo estar descompuesto y pidió permiso para ir al baño. Un suboficial salió a buscarlo, no lo encontró e informó a sus superiores. Esa misma tarde, la Policía de Neuquén interrogó en Cutral-Có a sus padres acerca del paradero de Omar, recibiendo la respuesta lógica: “está en el cuartel de Zapala.” El 12 las autoridades militares lo declaran desertor. Al día siguiente, sus padres, preocupados, se dirigieron al cuartel donde les dijeron que no estaba y había sido declarado desertor. Francisco Carrasco preguntó por su hijo en el Distrito Militar Neuquén donde le confirmaron que estaba incorporado al GA 161 de Zapala, lo que hace suponer que no se registraba la denuncia por deserción. Sin más novedades, el 22 la familia denunció la desaparición de su hijo en el Juzgado Federal de Zapala. El caso tomó estado público. El 26, el diario “Río Negro” publicó la noticia de la desaparición del soldado. Ante la requisitoria periodística, el jefe del GA 161, coronel With, declaró al diario que cuando se enteró que el soldado Carrasco era de Cutral-Có le restó importancia al caso, pero que se ocupó del tema cuando conoció a los padres. El 28 el juez Caro ordenó la búsqueda del soldado Carrasco. El 6 de abril, poco después del mediodía, encontraron el cuerpo de Omar Carrasco, vestido y con la ropa limpia. Por la tarde, informaban al juez Caro sobre el hallazgo del cadáver. Por la noche, el jefe de la Sexta Brigada de Montaña, general Díaz, informaba en un comunicado que encontraron el cuerpo del soldado fuera del predio militar y que “a primera vista no presenta signos de violencia”. El 8 de abril el juez confirmó que Carrasco tuvo una muerte violenta. Al día siguiente, el abogado Carlos Segovia aseguraba que el cuerpo de Omar tenía tres costillas rotas y un fuerte golpe en un ojo. El sábado 9, acompañados por una gran cantidad de familiares y vecinos, los padres enterraron los restos del infortunado soldado. Dada la gravedad del caso, la intervención de la Justicia y el conocimiento del público, el Estado Mayor General del Ejército relevó de su cargo y puso a disponibilidad a cuatro oficiales y dos suboficiales, los cuales eran la línea de mando directa en el establecimiento militar. El día 12 el jefe del ejército, general Balza, viajó a Neuquén para interiorizarse del caso y dialogar con la familia Carrasco. También se reunió con los familiares de 250 conscriptos, que denunciaron diversos maltratos; Balza, visiblemente preocupado y afectado por el hecho, reconoció: “estamos frente a un homicidio”. Ese día, con su habitual locuacidad, el presidente Menem opinó: “se ve que a algún oficial se le fue la mano”. El 13 de abril los 131 diputados presentes en el Congreso solicitaron el tratamiento en sesiones extraordinarias de un proyecto de ley que evite los hechos aberrantes en el servicio militar. El 14, Menem solicitó al Senado que trate el proyecto, ya presentado, de reducción del Servicio Militar a siete meses. Por su parte, ese mismo día, el juez Caro comenzó a tomar declaración a 130 conscriptos que denunciaron abusos. Los padres de Omar Carrasco participaron en Buenos Aires de la habitual marcha de las Madres de Plaza de Mayo. Al día siguiente, Menem declaró que se estaba politizando el tema y que “los individuos que perdieron la guerra contra la subversión” pretendían eliminar a las Fuerzas Armadas. El sábado 16, recibió en la residencia de Olivos a los padres de Omar Carrasco y a otros 25 padres, que pidieron la baja para sus hijos, así podrían testimoniar en el juzgado sin temor a represalias. Menem accedió apenas a una breve licencia. Mientras tanto, en Plaza Huincul se hacía la primera Marcha de Silencio, en protesta por el crimen de Carrasco y los maltratos a soldados. Una segunda marcha se efectuó al día siguiente en Cutral-Có, otra de las ciudades de donde procedía la mayoría de los conscriptos del GA 161. Luego se conocieron más denuncias de otros casos de maltratos a soldados conscriptos que suelen ser sometidos a ejercicios de orden cerrado (“baile” en la jerga cuartelera); se especulaba que Carrasco habría sido “bailado” y tras recibir una golpiza, escondido dentro del cuartel, muriendo por la falta de atención médica. Luego, el cuerpo habría sido ocultado entre unos arbustos. Este caso puso nuevamente en discusión pública al Servicio Militar Obligatorio. Según el Frente Opositor al Servicio Militar Obligatorio (FOSMO), una organización civil, desde 1977 a la fecha se habían producido 34 muertes de soldados por maltratos o abusos de superiores.
Por el crimen fueron condenados el subteniente Canevaro, a quince años de prisión, y los ex soldados Suárez y Salazar, a diez años. También fue condenado, a tres años de reclusión, el sargento Sánchez, no por autor directo sino por encubrimiento. En marzo de 1994, Canevaro tenía a su cargo la batería “A” de soldados incorporados al batallón de la ciudad de Zapala. Se determinó que durante un “baile militar”, Carrasco fue sometido a una fuerte y mortal golpiza.
Según la sentencia, Canevaro golpeó al joven ordenando luego a los soldados Suárez y Salazar que hicieran lo mismo. Por su condición de instigador y por ser superior en el orden militar, recibió una condena mayor que los dos jóvenes. La Justicia también determinó que Carrasco no recibió atención médica adecuada después de la agresión y ello imposibilitó salva su vida. El cuerpo estuvo escondido durante un mes en un baño de la unidad militar hasta que fue encontrado en una ladera de un cerro, dentro de las tierras del batallón.
* Tomado de Internet, resumen de noticias del diario “Río Negro”