Apoco de saberse la noticia del fallecimiento del gobernador de nuestra provincia, Mario Das Neves, la expresión “¡no lo puedo creer!” se repetía en las redes sociales.
Sucede que cuando muere un líder, la consternación de sus seguidores les impide tomar conciencia inmediata de su desaparición física, y no siempre encuentran como asumirla y seguir la trayectoria que el jefe indiscutible trazó.
Esto es tan así en la historia Argentina, que en los llanos no podían creer la trágica muerte de El Chacho Peñaloza o de Facundo Quiroga, cuyos partidarios aún ante los cadáveres, descreían que ya no iban a cabalgar más. La comparación no es antojadiza, el estilo de gestión y de gobierno del mandatario, tenía esos perfiles: era un hombre de mando.
Das Neves fue ese político que marcó una era; su impronta y omnipresencia las hacia sentir a los suyos y ajenos, a la gente común, los que siempre confiaron en él, sus seguidores políticos, sus admiradores y, por supuesto, a sus adversarios.
Si bien había hecho saber claramente su afección oncológica, la gente que siempre lo votó confiaba que esa era solo una adversidad más que iba a vencer, como la historia y los sentimientos han hecho con algunos escogidos y Das Neves ha entrado en la historia de los chubutenses como un escogido.
La pena y la incredulidad, flota por el frío aire provinciano desde el mar hasta la cordillera, por pueblos y parajes que pisaron sus pies hasta marcar un sendero imborrable, por donde los chubutanos le salían al encuentro, como quién se acerca a un peregrino, más que a un dirigente político. En las pequeñas poblaciones esperaban el aliento y la esperanza para la solución de sus inquietudes y problemas, a muchos de estos lugares nunca había llegado un político de tamaña envergadura. Él no los defraudó. Su presencia y sus obras iban de la mano.
Cultivó un gran amor por la familia y la amistad, supo pelearse con algunos sin escrúpulos, pero más de una vez, a sus observadores, nos hizo recordar aquél pensamiento de Perón que llevaba marcado a fuego : “al enemigo respeto…al traidor ni justicia” y vaya si conoció traiciones quien fue tres veces elegido gobernador… Pero también conoció el halago de multitudes cantando con él “la marcha”, y ovacionando sus discursos de corte siempre frontal.
Su gestión es mayoritariamente considerada la mejor de la historia provincial, y si bien en los últimos tiempos el gobierno nacional le soltó ostensiblemente la mano, él nunca dejó de reclamar lo que consideraba justo para Chubut.
El reto esta echado: su equipo, los que escogió para que lo acompañaran, tienen que hacer de ésta una provincia mejor. Sus oponentes tienen el deber, si los asiste la hidalguía, de que estos dos años que quedan, hasta unas nuevas elecciones, la gobernabilidad sea la guía que se mantenga en el proceder de cada uno.
Para propios y ajenos no es momento de “palos en la rueda” se necesita obviar mezquindades y crecer en la política, pensando únicamente en cada ciudadano de esta provincia. No hay lugar para los egos. Es el chubutense, el vecino, quien hoy cuenta. Son tiempos de política de grandes y para grandes: Chubut no merece menos.