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09 de Diciembre de 2021
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Rafael Williams fue escrachado en su domicilio por manifestantes del No a la Mina

La agresión, se materializó a través de la colocación de carteles y banderas en las rejas de la vivienda en la que vive el diputado junto con su familia; se generó un tenso cruce, cuando este salió a retirarlos.

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En la mañana de este jueves, algunas personas identificadas como autoconvocados por el No a la Mina se concentraron en la intersección de las calles Pasteur y Alsina, frente a la casa del ex intendente de Esquel y diputado provincial, Rafael Williams.

 

 

En el lugar, colocaron banderas y carteles en la vivienda en la que vive con su familia, acto que generó la lógica reacción de Williams, quien salió a la vereda a quitarlos y a pedir a los presentes que cesaran la agresión.

 

 

Se generó un tenso momento en el que hubo intercambio de palabras entre el grupo de manifestantes, Williams y también su mujer, la ex diputada provincial Elba Willhuber. 

 

 

 

Vías de hecho de esta naturaleza realizadas por un pequeño grupo de personas, deslegitiman los justos reclamos de No a la Mina que han llevado adelante heroicamente en forma pacífica y ampliamente mayoritaria, quienes integran la comunidad de Esquel, por años. 

 

 

También altera la convivencia respetuosa y democrática entre los habitantes de nuestra ciudad, uno de los baluartes del cual como sociedad siempre nos hemos enorgullecido.

 

 

El escrache es la versión politizada de la patota y el patotero, que son dos versiones canallas de la vida cotidiana.

 

 

El escrache es lo mismo que la patota con la sutil diferencia de que los patoteros en este caso se justifican invocando una razón política.

 

 

El patotero y el escrachador no son diferentes en lo que importa, es decir en el ejercicio de la violencia alevosa y cobarde.

 

 

Sin dudas, desde cualquier punto de vista, la actitud cobarde de juntar fuerzas para insultar a alguien en situación de vulnerabilidad, en su hogar, debe ser repudiada.

 

 

El patotero supone que sus acciones no tienen nada que ver con la política; el escrachador se justifica a sí mismo invocando argumentos políticos que transformarían un acto cobarde y miserable en una causa justa.

 

 

Desde el punto de vista estrictamente político, el escrachador es más peligroso que el patotero porque uno viola el Código Penal mientras el otro viola la convivencia social.

 

 

El escrache es un método de un autoritarismo, despiadado y repleto de violencia. Es una metodología propia de los peores regímenes totalitarios quienes “escrachaban” a sus víctimas, las “marcaban” para denigrarlas y atormentarlas.

 

 

Los escraches, provengan de donde sea, son una metodología propia del fascismo, nada tienen que ver con la democracia, y mucho menos con quienes defendemos la justa causa del NO a la Mina, la defensa del medio ambiente y nuestros recursos naturales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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