La querella solicitó una sentencia de 22 años de prisión para Alperovich, junto con la petición de prisión preventiva en caso de ser condenado.
En contraposición, la fiscalía requirió una condena de 16 años y seis meses tras las rejas, además de medidas de seguridad como la custodia policial y el monitoreo con tobillera electrónica hasta que se emita el veredicto. El juez avaló estas medidas de precaución, extendiendo la vigilancia hasta el día siguiente, cuando se llevarían a cabo los alegatos de la defensa, aunque sin la necesidad de la tobillera.
La decisión ahora recae en el tribunal, que deberá determinar si Alperovich regresa a Tucumán o permanece bajo custodia en Buenos Aires hasta que se pronuncie la sentencia.
"En este juicio pudimos acreditar que Alperovich es culpable de todos los hechos denunciados", afirmó Rovatti, quien detalló las acusaciones de abuso sexual reiterado en seis ocasiones, acompañadas por actos gravemente ultrajantes. Por su parte, la fiscalía describió a Alperovich como un individuo con actitudes patriarcales y de poder, que colocaron a la víctima en una posición de vulnerabilidad.
La defensa, liderada por Augusto Garrido, se prepara para presentar sus argumentos el próximo miércoles. Garrido sostiene la inocencia de Alperovich, argumentando la falta de pruebas contundentes que respalden las acusaciones en su contra.
El cierre de los alegatos reveló la gravedad de los cargos y la contienda legal en curso. La voz de la denunciante resonó durante horas, narrando un doloroso relato de abusos y desequilibrios de poder.
El miércoles será determinante, con la defensa de Alperovich buscando su absolución mientras la fiscalía sostiene la imputación original, respaldada por pruebas y agravantes como el abuso de autoridad y la asimetría de poder.
O.P