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12 de Abril de 2025
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El Horcón

Esquel necesita mirar el paisaje antes de construir su futuro

Una ciudad turística no se planifica solamente con reuniones técnicas y ordenanzas ambiciosas. Se construye –y preserva– con una mirada sensible hacia su entorno, con decisiones coherentes entre lo que se escribe y lo que se permite.

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Por más buenas intenciones que se pongan sobre la mesa, una ciudad turística no se planifica solamente con reuniones técnicas y ordenanzas ambiciosas. Se construye –y preserva– con una mirada sensible hacia su entorno, con decisiones coherentes entre lo que se escribe y lo que se permite.

 

 

En ese sentido, el Código de Planeamiento Urbano de Esquel, aprobado en 2021 bajo la Ordenanza N.º 207, ha demostrado tener serias fisuras. Y aunque hoy se discuta su actualización, hay algo que no puede quedar fuera de esta revisión: la protección visual del corredor Esquel-Trevelin.

 

 

Ese tramo de la Ruta 259, que conecta dos de los destinos turísticos de notable crecimiento del noroeste de Chubut, debería ser una postal atractiva para quienes vienen a descubrir lagos, montañas y cultura patagónica. Sin embargo, sigue su derrotero de colonización por galpones y estructuras industriales que rompen con la armonía natural del paisaje. ¿Cómo es posible que sigue la permisión de esto en una zona que debía ser preservada?

 

 

La respuesta, en parte, está en los planos anexos al código aprobado hace apenas cuatro años. A simple vista, se observa la permisividad con la que se habilitan zonas para construcciones industriales a lo largo de este corredor. El impacto no es menor: la vía escénica y atractiva, sigue su impasible transformación en una sucesión de edificaciones que chocan con la identidad visual que el turismo necesita para prosperar.

 

 

Es cierto que la planificación urbana es compleja. Y es valorable que la gestión municipal actual avance en la actualización del código, con participación de profesionales y representantes técnicos como ha sido anunciado. Pero si en esas mesas de debate no se prioriza la protección paisajística, el código volverá a quedarse a mitad de camino.

 

 

No se trata de negar el desarrollo industrial. Se trata de ordenar su localización y mitigar su impacto. Los galpones deben tener su espacio, pero no en el corazón visual de un corredor turístico. Hay formas de armonizar crecimiento económico con respeto ambiental, como lo hacen ciudades turísticas del mundo entero: regulando estética, distancia al camino, alturas, materiales, colores. Es una cuestión de voluntad y visión estratégica.

 

 

Hoy estamos a tiempo. Pero no por mucho. Si el nuevo Código de Planeamiento Urbano no contempla con claridad este punto, la oportunidad de consolidar a Esquel como un destino turístico de nivel internacional podría perderse entre paredes de chapa y cemento.

 

 

El paisaje es uno de los capitales valiosos que tenemos. Y a diferencia de otras riquezas, una vez dañado, es muy difícil de recuperar.

 

 

 

 

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