El vínculo con el motociclismo tomó un significado profundo a partir de una experiencia de salud límite. Aunque la actividad comenzó como un pasatiempo en 2015, fue un diagnóstico de cáncer en 2017 lo que funcionó como un motor de cambio absoluto. Tras superar la enfermedad, ese episodio se transformó en un impulso para vivir con mayor intensidad, lo que derivó en la decisión de emprender viajes de larga distancia por las rutas nacionales. Esta historia de resiliencia personal fue el pilar para que la protagonista fuera elegida como representante de un movimiento que busca inspirar a otras mujeres a través de las dos ruedas.
La experiencia de transitar miles de kilómetros por las rutas 3 y 40 permitió comprender que viajar sola es una herramienta fundamental de empoderamiento. Según relata la embajadora, el camino obliga a conectar con las personas y a descubrir que se cuenta con la capacidad necesaria para resolver cualquier imprevisto. Este proceso de autodescubrimiento personal fue el cimiento para colaborar en la organización de una red nacional de mujeres que hoy se extiende desde La Quiaca hasta Ushuaia, transformando el concepto de la motociclista solitaria en una comunidad integrada y comunicada.
Actualmente, esta red federal funciona como un sistema de soporte logístico y humano que garantiza seguridad en cada trayecto. Mientras que en el pasado las viajeras dependían del azar o de instituciones públicas para obtener información o asistencia, hoy cuentan con una estructura de compañerismo directo. A través de un contacto constante, las integrantes de la red brindan soluciones sobre mecánica, repuestos y hospedajes seguros en cualquier punto del mapa. De esta manera, el motociclismo femenino se consolida como un espacio donde la superación individual se convierte en una fuerza colectiva que acompaña a cada mujer en su propio camino.
E.B.W.