Las calles de Esquel volvieron a ser escenario este miércoles de un ritual que se repite con una constancia inquebrantable desde hace más de dos décadas. Vecinos, familias y organizaciones sociales se concentraron en la plaza central para marchar, una vez más, bajo la consigna "No a la Mina", una bandera que ha trascendido generaciones y se ha convertido en parte de la identidad cultural de la ciudad.
Más de 270 marchas ininterrumpidas
La movilización de este 4 de marzo representa la vigencia de un movimiento que nació hace más 23 años, cuando un grupo de vecinos decidió organizarse para frenar un proyecto de explotación de oro y plata en el Cordón Esquel.
Aquel histórico 23 de marzo de 2003, el 81% de la población votó en contra de la megaminería, sentando un precedente jurídico y social que hoy sigue siendo el principal escudo de la región. Desde entonces, cada día 4 de cada mes, sin importar el clima o el contexto político, el pueblo sale a recordar que aquel mandato sigue vigente.
Un mensaje que trasciende la cordillera
Durante la jornada, los oradores destacaron que la lucha de Esquel no solo ha logrado proteger su propio entorno, sino que ha servido de inspiración para otras comunidades de la provincia de Chubut y del país. "Nuestra fuerza reside en la memoria y en la constancia. Marchamos porque el agua no se negocia y porque las futuras generaciones merecen un territorio libre de contaminación", expresaron desde la asamblea de vecinos.
La marcha recorrió las principales arterias del centro, con la tradicional parada frente a las instituciones públicas, donde se leyó un documento que analizó la situación actual de los proyectos mineros en la meseta central y se ratificó el rechazo absoluto a cualquier intento de modificar la Ley 5001.
Identidad y resistencia
A más de 23 años de aquel inicio, el movimiento ha logrado lo que pocos procesos sociales consiguen: la transversalidad. En las filas de la marcha de hoy se pudo observar a jóvenes que ni siquiera habían nacido en 2003, caminando junto a los pioneros de la lucha, demostrando que la conciencia ambiental en Esquel es un legado familiar y ciudadano que no pierde fuerza con el paso del tiempo.