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12 de Abril de 2026
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Mabel Huenchupán y la solidaridad como estandarte

Nacida y criada en Esquel, construyó una historia atravesada por el trabajo, el compromiso y una vocación profunda por ayudar. Un recorrido donde la solidaridad no se aprende: se lleva desde siempre.

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Por Elisabet Blanco Wegrzyn y Rocío Germillac. 

 

 

Donde todo empieza

 

Hay historias que no necesitan grandes giros para volverse significativas. La de Mabel Huenchupán empieza en lo simple, en lo cotidiano, en ese origen que marca para siempre: “Yo soy nacida y criada acá en Esquel”.

 

Su infancia, su educación en el Colegio Salesiano y sus primeros pasos en el mundo laboral fueron dando forma a una identidad que nunca se despegó de su lugar. “Después de salir del colegio, empecé con el trabajo… y finalmente ingresé al municipio local”. Allí permaneció cuatro décadas: “Trabajé 40 años en el municipio, de la cual me jubilé”.

 

Pero su vida no se limitó a un empleo. Desde temprano, algo la empujaba a involucrarse más allá.

 

 

 

El llamado silencioso de lo colectivo

 

Mientras trabajaba, Mabel también ocupaba otros espacios, esos donde el compromiso no tiene sueldo ni horarios. “Siempre me gustó trabajar así en los lugares donde la gente no quiere trabajar gratis”, dice, con una mezcla de orgullo y naturalidad.

 

Participó en su barrio, en el gremio, y hasta en el fútbol local. “Después fui la presidente también de la Liga Independiente de Fútbol”. Hay en su relato una constante: estar donde hace falta, cuando haga falta.

 

Una puerta que se abre sin saberlo

 

Su historia con los bomberos comenzó casi por casualidad. Un aviso en el diario, repetido durante meses, despertó su curiosidad. “Salía en el diario que necesitaban secretaria… y bueno, me presento. Digo, ¿qué habrá que hacer en bomberos? Para mí era nuevo”.

 

Ese paso, que parecía menor, terminó cambiándolo todo.

 

Desde lo administrativo, fue creciendo dentro de la institución. “Entré como vocal… después fui ascendiendo a tesorera, después secretaria, bueno, hasta llegar a la presidencia”. Sin estridencias y sin atajos: sólo trabajo.

 

 

 

Aprender a sostener responsabilidades

 

El compromiso la llevó más lejos de Esquel. La Federación Provincial, el Consejo Nacional. “Yo, representando el Chubut, viajaba cada dos meses a reunirme al Consejo Nacional”.

 

Y en ese recorrido, un reconocimiento importante: “Me nombraron vicepresidenta tercera del Consejo Nacional de Bomberos también”.

 

Sin embargo, también hubo pausas. “Tuvimos un pequeño inconveniente… dejé la institución”. La distancia fue temporal. Porque lo que se construye desde la vocación siempre encuentra la forma de volver: “Ahora volvemos nuevamente… vuelvo yo como presidente y aquí estamos trabajando”.

 

La raíz invisible

 

Si hay algo que explica su camino, Mabel no duda en señalarlo: su familia. “Mis padres en primer lugar, obviamente”. De ellos aprendió lo esencial. “Eso se mama en casa, como se dice, ¿no?”.

 

La solidaridad, el esfuerzo, la constancia fueron el norte con el que creció. Todo empezó ahí, en un hogar donde no sobraba nada, pero no faltaban valores.

 

 

 

La solidaridad como forma de ser

 

Para Mabel, ayudar no es una elección ocasional. Es una condición. “La solidaridad no es para cualquiera, se nace”, afirma.

 

Por eso, todo lo que hizo fuera de su trabajo formal tuvo un mismo denominador común. “Siempre todo lo que he hecho lo he hecho gratis… porque yo soy muy solidaria. Me gusta ayudar a los demás”.

 

No hay cálculo, no hay espera de reconocimiento. Solo una necesidad interna de estar para el otro. Así vive su vida Mabel desde el primer momento: trabajando para un otro en necesidad. 

 

Los que siguen el mismo fuego

 

En los bomberos encuentra un reflejo de esa misma vocación. “Arriesgan la vida por toda la comunidad… y eso no es fácil”, dice, con admiración.

 

Habla de jóvenes, de hombres y mujeres que responden a cualquier hora. “Están durmiendo y suena la alarma… y van y no tienen problemas”.

 

En ellos ve esperanza. Aunque el mundo cambie, aunque las generaciones sean distintas. “Hay chicos muy, muy buenos, chicos muy solidarios”.

 

El relato de Mabel, el orgullo de sus palabras al referirse al cuerpo de bomberos, es el mismo que tienen todos los esquelenses. Sin embargo, ella valora más allá, porque ve el día a día de una entrega silenciosa y abnegada por la comunidad. 

 

 

 

Vivir el presente, sostener el camino

 

Mabel no proyecta demasiado hacia adelante. “Yo vivo el día a día”, dice, sin rodeos. Con una vida bien vivida, y una hermosa familia conformada, se sabe realizada. En su hijo y sus nietos ve el fruto de tanta dedicación, y el futuro asegurado. 

 

Su mirada está puesta en lo que puede hacer ahora, en lo que todavía queda por dar. “Mientras tenga la mente bien, con claridad, todo se puede seguir trabajando”.

 

Y así, sin grandes discursos, su historia sigue creciendo como empezó en silencio, con constancia, y con una certeza que la acompaña desde siempre: que la solidaridad, más que un valor, puede ser un destino.

 

 

 

Agradecemos a Mabel por recibirnos, por su tiempo y por abrirnos las puertas para compartir tu historia con tanta sinceridad y calidez. También agradecemos al cuerpo de Bomberos Voluntarios de Esquel por su incansable labor por la comunidad. 

 

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