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26 de Abril de 2026
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“No bajen los brazos”: Jorge y la fuerza de seguir adelante

Trabaja desde los 8 años, formó a generaciones y hoy, ya jubilado, sale cada día a vender panificados para seguir adelante. Su vida es un testimonio de esfuerzo, dignidad y solidaridad.

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Por Elisabet Blanco Wegrzyn y Rocío Germillac. 

 

 

De la infancia al horno: una vida de trabajo

 

Jorge Alberto Ulloga nació y creció en Esquel, en un barrio que con el tiempo fue cambiando de nombre, pero no de identidad. “Me crié en el barrio Las Latas, que le llamaron. Que ahora es el barrio Don Bosco”, recuerda.

 

La necesidad lo llevó a empezar a trabajar cuando apenas era un niño. “A los 8 años empecé a trabajar por el kilo de pan”, cuenta. Eran muchos hermanos y la situación familiar era difícil: “Mi vieja no podía mantenernos casi. Así que empecé a trabajar a los 8 años en la panadería Rico Pan”.

 

Allí no solo aprendió un oficio, sino también valores. “Ahí aprendí todo el oficio. Tenía un gran maestro. Él nos educó”, dice. Entre la escuela y la panadería, su infancia se moldeó entre harina, esfuerzo y disciplina.

 

 

 

El oficio y la pasión de ser panadero

 

Con los años, Jorge se convirtió en maestro panadero. “Soy maestro panadero, pero completo. Sé todo, facturería, todo, todo”, afirma con orgullo.

 

Su rutina era exigente: madrugadas eternas, jornadas largas y trabajo físico intenso: “Yo me levantaba a las tres de la mañana, a las dos a veces… hasta las cinco o las seis de la tarde”. Sin embargo, nunca dejó de disfrutarlo: “Era algo muy lindo. A mí me encantaba”.

 

Incluso tuvo la oportunidad de perfeccionarse. “En el año 89 me mandan a Buenos Aires a estudiar… y ahí aprendí todo el oficio mejor”, recuerda.

 

 

 

Golpes, pérdidas y volver a empezar

 

Como a muchos trabajadores, la vida también lo golpeó. Después de años en el oficio, perdió su trabajo. “Quedar sin trabajo después de 25 años trabajando… toda una vida”, dice.

 

Más adelante, ya como monotributista, volvió a quedar afuera del sistema laboral: “En el 2015 quedé cesante. No conseguí más trabajo en ningún lado”.

 

A eso se sumó la pérdida de su propio emprendimiento. Había invertido en una panadería, pero el contexto no ayudó. “Hice una inversión tremenda… pero no había gente”, cuenta con pesar.

 

Sin embargo, hay algo que Jorge no perdió nunca: la actitud. “Yo no le guardo rencor a nadie. No le guardo rencor, ni odio, nada”, afirma.

 

 

 

El presente: madrugar otra vez para seguir

 

Hoy, ya jubilado con la mínima, Jorge volvió a empezar desde cero. “Soy jubilado, cobro la mínima… por eso hago esto, para solventar los gastos”.

 

Su rutina vuelve a ser la de siempre: madrugar. “Empiezo a las 4 de la mañana”, cuenta. Elabora sus productos en el comedor del barrio Matadero, gracias a la ayuda de la comunidad. “Me prestan la sede vecinal… me dieron una mano tremenda”, cuenta con emoción. 

 

Luego vende en la puerta de su casa desde las 7:30 de la mañana, y después: "De 15:30 a 18:30 hs”, dice. Ofrece tortas fritas, churros, alfajores y donas: “Gracias a Dios no me puedo quejar… pasa mucha gente”.

 

 

 

La solidaridad como forma de vida

 

A pesar de las dificultades, Jorge sigue pensando en los demás. “A veces lo que me sobra lo regalo”, cuenta sobre vecinos que necesitan ayuda.

 

También él ha recibido gestos que lo marcaron. “Vino un señor… me dejó 100.000 pesos… unas ganas de llorar me dio”, recuerda con emoción.

 

Para él, la vida se basa en dar y recibir. “Cuando uno da, después vuelve”, asegura. Y lo practica todos los días: “Hay gente que viene… ‘no tengo para comer’… y le digo ‘tomá’”.

 

 

 

Un mensaje para seguir adelante

 

Con una vida atravesada por el trabajo, las caídas y la resiliencia, Jorge deja un mensaje claro: “Yo les recomiendo que no bajen los brazos, que sigan para adelante”.

 

Sabe que la situación es difícil, pero insiste en la importancia de intentar: “Hay un montón de cosas para hacer… métanle para adelante nomás que no hay otra”.

 

Y resume su filosofía con una convicción simple y profunda: “Siempre hay que ser buena persona”.

 

 

Agradecemos a Jorge por dejarnos realizar esta entrevista en medio de su jornada laboral. Sus exquisitos panificados pueden encontrarse sobre calle O'Higgins llegando a AP Justo. 

 

 

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