Ubicada estratégicamente entre Trevelin y Aldea Escolar, la chacra Valle del Guardián ofrece vistas espectaculares que, en esta época del año, se envuelven en un aura especial gracias a la característica niebla local. Allí, Juan Luis Sánchez, conocido por todos como "Pachi", lleva adelante un sueño familiar que comenzó al comprar el terreno entre 2016 y 2017, para luego construir el galpón y la casa al año siguiente. Aficionado a los deportes, amante de la naturaleza y vinculado al mundo de bienes raíces, Pachi también es un reconocido peluquero con más de treinta años de oficio, trabajando desde muy chico. Aunque esa es una historia para contar otro día, hoy toda su pasión está puesta en la tierra que cultiva.
El emprendimiento vitivinícola cuenta actualmente con un total aproximado de 5.000 plantas. Entre ellas destacan 500 plantas de Gewürztraminer plantadas entre 2021 y 2022 que hoy transitan su tercera vendimia. Además, poseen 1.800 plantas de Sauvignon Blanc que entrarán en producción el próximo año, y cepas de Pinot Noir que darán sus primeros frutos dentro de tres años. El clima patagónico es fundamental para este desarrollo y para afianzar el prestigio del sector, que consolida su identidad productiva a través de la Indicación Geográfica (IG) Trevelin. "La amplitud térmica es por el calentamiento global que hay en el mundo. Entonces Patagonia todavía lo tiene, eso de tener frío en verano y mucho calor de día. Y eso a la planta, al producto, a la fruta, le hace muy bien", detalla Sánchez.
Al reflexionar sobre el posicionamiento de Chubut, la ruta del vino y la importancia de pertenecer a una zona con Indicación Geográfica, el productor se muestra sumamente entusiasmado. "La verdad que sorprendido. Imaginate que yo llevo seis años acá, somos muy nuevos en esto, pero año a año nos sorprende mucho la calidad del vino que estamos teniendo", destaca, remarcando que el trabajo artesanal se refleja de manera directa en la copa.
El trabajo en la chacra prescinde totalmente del uso de agroquímicos. Durante dos meses en invierno, el ciclo se complementa con el ingreso de ovejas Texel y Merino, que limpian el terreno y aportan abono natural. Sobre este cuidado, el productor afirma: "Todo lo que le damos a la viña nos lo devuelve el día de la cosecha". Para proteger la producción de las inclemencias del tiempo, un sistema de aspersores antieladas y una estación meteorológica le avisan automáticamente al teléfono ante cualquier descenso brusco de temperatura.
El esfuerzo anual culmina en una producción elaborada en conjunto con la bodega Viña Nant y Fall, donde el jugo descansa en tanques de acero inoxidable hasta los meses de septiembre y octubre. Si bien proyectan alcanzar entre 5.000 y 6.000 botellas a futuro, en la actualidad manejan partidas exclusivas de 250 botellas que el año pasado se agotaron por completo. La búsqueda es lograr un vino fresco y seco con un 11 por ciento de alcohol. Para ello, este año adelantaron la cosecha al 10 de abril con el objetivo de alcanzar entre 21 y 22 brix, la medida de azúcar en la uva. "Es mucho más rico tomar un vino que no sea tan alcohólico, porque la idea del vino es poder disfrutar de lo que vos estás tomando", reflexiona.
La identidad del viñedo, al igual que el nombre de su vino Vuelo de Dragón, están marcados por una imponente figura que custodia la plantación. El origen de la escultura, realizada por el artista local Tomás Schinelli, surgió de una vivencia muy personal del productor hace seis años. "A mí el dragón me visitó en sueños", confiesa Pachi. Tras esa visión, decidió instalar la gran obra de metal en el medio del terreno. "Es la escultura que me protege la viña", asegura, demostrando que en su chacra la vitivinicultura convive de manera permanente con la magia del entorno.
EBW