a mesa de los argentinos atraviesa un fenómeno sin precedentes. Según el último relevamiento de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra), el consumo doméstico de carne vacuna se desplomó en mayo, marcando el registro más bajo de los últimos 20 años. En términos interanuales, la caída del consumo aparente fue del 11,1%, con un volumen total de 855.750 toneladas res con hueso durante los primeros cinco meses de 2026.
A pesar de que el informe indica una segunda baja mensual consecutiva en los precios promedios de los cortes vacunos —impulsada por descensos en el asado (-1,6%), el cuadril (-0,8%) y la nalga (-0,6%)—, la demanda no reacciona. El obstáculo principal sigue siendo la falta de recuperación del poder de compra de las familias, que no logran absorber los fuertes incrementos acumulados en meses previos. En este contexto, el consumo de carne vacuna se retrajo 3,1 kilos por habitante al año respecto al mismo periodo de 2025.
Mientras el mercado interno se contrae, la balanza comercial del sector encuentra un refugio en el exterior. Las exportaciones de carne vacuna crecieron un 5,1% en el acumulado de los primeros cinco meses del año, totalizando 312.200 toneladas.
El factor determinante de este año ha sido el mercado estadounidense. Gracias a la ampliación del cupo de exportación libre de aranceles a 100.000 toneladas anuales, las ventas a ese país se triplicaron en la comparación interanual, representando ya casi el 30% de la facturación total del sector. Por el contrario, la demanda desde China —el mercado histórico de mayor volumen— ha mostrado una debilidad marcada, con caídas superiores al 30% tanto en términos mensuales como interanuales.
El problema de fondo no solo es económico, sino también productivo. La producción de carne acumuló una contracción del 7,3% anual, alcanzando las 1.168 millones de toneladas. La industria frigorífica atraviesa uno de sus momentos de menor actividad en años, debido a la escasez de hacienda disponible para la faena.
Desde Ciccra explican que esta situación es la consecuencia directa de tres años de liquidación intensa de madres y existencias ganaderas, provocada por eventos climáticos adversos que castigaron al sector desde 2022 hasta mediados del año pasado. Con solo 4,94 millones de cabezas faenadas en lo que va de 2026, la industria marca el nivel de actividad más bajo de la última década, confirmando que la falta de oferta, sumada a la debilidad del consumo interno, configura un escenario complejo para toda la cadena ganadera.