Bajar de peso rápido al dejar los carbohidratos parece una buena idea. Pero lo que ocurre después en el cuerpo puede explicar por qué tantas dietas terminan fracasando.
Sacaste el pan del desayuno, dejaste las pastas y evitás el arroz porque querés bajar de peso rápido. Durante los primeros días parece funcionar: los números en la balanza bajan y la motivación crece. Sin embargo, con el paso de las semanas muchas personas comienzan a sentir más hambre, aparecen los antojos, el cansancio y hasta el mal humor.
¿Por qué ocurre esto?
Según explicó la licenciada en Nutrición Alicia López Montes, los carbohidratos han sido señalados durante años como los grandes responsables del aumento de peso. Sin embargo, eliminarlos por completo no siempre es la mejor estrategia y, en muchos casos, puede terminar jugando en contra.
La pérdida de peso que puede engañar
Una de las razones por las que las dietas bajas en carbohidratos generan entusiasmo es que suelen producir una rápida disminución del peso corporal. Pero hay una explicación detrás de ese fenómeno.
Cuando se reducen drásticamente los carbohidratos, el organismo utiliza sus reservas de glucógeno, una forma de energía almacenada en los músculos y el hígado. Lo que pocas personas saben es que ese glucógeno retiene una gran cantidad de agua.
Por eso, los primeros kilos que desaparecen no siempre corresponden a grasa corporal. En gran medida, se trata de agua que el cuerpo elimina junto con esas reservas energéticas.
El cuerpo sigue necesitando combustible
Aunque una persona quiera adelgazar, su organismo continúa necesitando energía para realizar funciones básicas. Pensar, trabajar, entrenar, regular hormonas, recuperarse después del ejercicio e incluso afrontar situaciones de estrés demandan combustible de manera constante.
"Los carbohidratos son una fuente importantísima de energía para el cuerpo y para el cerebro", explicó López Montes.
Cuando esa energía disminuye de manera abrupta, especialmente en personas que tienen jornadas laborales intensas, realizan actividad física o atraviesan períodos de estrés, el cuerpo puede interpretar que está frente a una situación de escasez.
Más hambre, más antojos y menos energía
Muchas veces quienes siguen dietas muy restrictivas creen que les falta fuerza de voluntad cuando empiezan a sentir deseos intensos de comer.
Sin embargo, la nutricionista sostiene que no se trata simplemente de una cuestión de disciplina.
Cuando el organismo percibe que no está recibiendo la energía necesaria, pone en marcha mecanismos para recuperarla. Como consecuencia, pueden aparecer más hambre, antojos frecuentes, cansancio, irritabilidad y una preocupación constante por la comida.
En otras palabras, el cuerpo está intentando asegurarse los recursos que necesita para funcionar normalmente.
El problema de las dietas extremas
Las estrategias demasiado restrictivas suelen presentar otro inconveniente: son difíciles de mantener en el tiempo.
Al principio pueden parecer efectivas, pero a medida que pasan los días o las semanas, sostener tantas prohibiciones se vuelve cada vez más complicado. Esto lleva a muchas personas a abandonar la dieta y volver a sus hábitos anteriores.
Cuando eso ocurre, el organismo recupera rápidamente el agua y el glucógeno que había perdido. El resultado suele ser un aumento de peso que genera frustración y sensación de fracaso.
En algunos casos, incluso puede producirse una recuperación superior al peso perdido durante el período de restricción.
El equilibrio como clave
Frente a las promesas de soluciones rápidas, López Montes propone una mirada diferente: construir hábitos que puedan mantenerse en el tiempo.
Según explica, el cuerpo suele responder mejor cuando percibe estabilidad. Una alimentación equilibrada ayuda a regular el hambre, reduce la ansiedad relacionada con la comida, mejora los niveles de energía y favorece un mejor rendimiento físico y mental.
Además, disminuye la sensación de estar permanentemente "a dieta", una de las principales causas por las que muchas personas abandonan sus intentos de cambio.
Más que bajar de peso, aprender a comer
Para la especialista, el objetivo no debería ser encontrar la dieta más estricta ni la que ofrece resultados más rápidos, sino desarrollar una forma de alimentación compatible con la vida cotidiana.
Porque, al final, la diferencia entre una estrategia que funciona por unas semanas y una que da resultados duraderos suele estar en un concepto mucho más simple.
“La mejor alimentación no es la más perfecta ni la más restrictiva. Es la que podés sostener en el tiempo.”
¿Querés aprender más sobre alimentación sin restricciones extremas? Encontrá consejos y contenido sobre nutrición en la cuenta de Instagram de la Lic. Alicia López Montes: @nutrinwonderland