En invierno, muchos esquelenses sienten que "el cuerpo no arranca". La neurociencia tiene una explicación precisa para ese estado: el frío no solo enfría los huesos, también reorganiza la química del cerebro.
Esquel en junio puede despertar con -3°C o aún menos. Esa temperatura no sólo pone a prueba la ropa, la leña o el calefactor de nuestra casa, sino también uno de los sistemas más complejos del cuerpo humano: el cerebro.
Lo primero que conviene aclarar es que el cerebro no se enfría. Gracias al cráneo, las meninges y el líquido cefalorraquídeo, la temperatura cerebral se mantiene estable alrededor de los 37°C incluso en condiciones extremas. El neurocientífico Mel Robertson, de la Queen's University de Canadá, señala que "para una persona promedio expuesta al frío invernal, la temperatura cerebral está protegida". Pero el ambiente frío sí modifica la química cerebral por otras vías.
La trampa de la luz corta. El invierno patagónico acorta brutalmente las horas de sol. Eso tiene consecuencias neurobiológicas directas: la reducción de la exposición a la luz puede disminuir los niveles de serotonina —neurotransmisor clave en la regulación del estado de ánimo— y alterar la producción de melatonina, afectando el ciclo sueño-vigilia y predisponiendo a estados depresivos. Este cuadro tiene nombre clínico: trastorno afectivo estacional (TAE), y se estima que, según referencias de la Mayo Clinc Health, afecta aproximadamente al 10% de la población en estas latitudes durante el invierno.
Pero hay una paradoja. El frío también puede ser un aliado neurológico. La inmersión en agua fría se asocia con un aumento sostenido de dopamina y norepinefrina, mejorando el estado de ánimo, el foco y la motivación durante horas. No es casualidad que muchos corredores y deportistas de montaña de nuestra región describan esa sensación de claridad mental después de entrenar bajo cero.
La clave, entonces, no es evitar el frío sino entender cómo responde el cerebro a él. Mantener la actividad física, maximizar la exposición solar durante el día y consultar a un profesional si el ánimo cae cada invierno, son estrategias con respaldo científico.
En la Patagonia, el frío es parte de nuestra identidad. Conocerlo desde adentro —desde el cerebro— es también una forma de habitarlo mejor.
Dr. Ezio Tracanna | Neurólogo — Jefe del Servicio de Neurología, Hospital Zonal Esquel
MP:4295 -MN:156823