Por Elisabet Blanco Wegrzyn y Rocío Germillac.
Infancia, familia y el origen de una forma de vivir
“Bueno, nací en el 68, en Capital pero siempre me crié en Vicente López, en Florida”, comienza recordando.
Su historia familiar está profundamente atravesada por el trabajo: “Mi papá fue operario de una fábrica de autos, después se puso su taller… él tenía un taller de chapa y pintura de autos”. Y sobre su madre destaca el origen inmigrante y el espíritu emprendedor: “Mi mamá, inmigrante italiana, vino en el 52. Ella fue ama de casa toda la vida pero siempre se la rebuscó vendiendo tupperware, vendiendo ollas, vendiendo cosas”.
Esa impronta fue decisiva para Adrián: “Fe ahí creo que saqué yo toda esa movida de gustarme vender cosas”.
El trabajo desde la infancia: la escuela de la calle
Su vínculo con el trabajo empezó temprano: “A los 12 en una verdulería”, recuerda. Y describe esa experiencia con una mezcla de nostalgia y sorpresa: “Atendía al público… un nene de 12 años… me daban charla, estaba bueno”. Un "coloradito" que atendía con buena cancha en una zona donde vivían algunos personajes famosos. Por ejemplo le tocó atender a gente como Lidia Satragno más conocida como "Pinky".
A partir de allí, su vida fue una sucesión de oficios: “Fabricaba juguetes en madera a los 16… hice cosas con mimbre, canastas, souvenirs, paneras”.
También destaca su inclinación por lo manual: “Yo en mi casa hago todo, hice todos los muebles de mi casa, las rejas las hice con mi papá, herrería, carpintería, sé soldar”. Y sintetiza: “Me gusta aprender, toda la vida me gustó aprender cosas”.
Estudio, trabajo y una vida sin pausas
Cardacci describe una juventud atravesada por múltiples responsabilidades: “Empecé a trabajar y a estudiar. A trabajar, en realidad porque me gustaba”. Puntualiza que nadie le decía que vaya a trabajar ni fue una imposición familiar, simplemente el gusto de ser útil y desarrollar habilidades.
Y su trayectoria laboral creció rápidamente: “Empecé como administrativo… pedí pases a todos los sectores”. Luego una síntesis contundente que habla de su capacidad y compromiso con su labor: “Terminé siendo administrando 25 empresas”.
Sobre ese ritmo de vida, puede reflexionar hoy: “Yo no dormía, estudiaba de noche, me quedaba despierto toda la noche e iba a rendir”.
La colimba y un país en tensión
Uno de los momentos más duros que recuerda es su paso por el servicio militar: “Dormíamos armados”. Y contextualiza: “Estábamos muy al filo del peligro… fue en la época de los carapintadas en Villa Martelli”.
Sobre su edad en ese momento, agrega: "Fue duro para un chico de 18 años”.
Crisis, campo y resiliencia en tiempos difíciles
En los años 2000, su vida volvió a cambiar: “Tenía gallinas ponedoras y algunas vacas”. Pero la crisis impactó de lleno: “El 2001 fue una época complicada… tuve que empezar a vender las vacas para poder conseguir maíz, después tuve que vender las gallinas porque no conseguía comida”.
Lejos de frenar, volvió a empezar: “Volví a ser empleado… empecé a asesorar empresas”.
El vínculo con la Patagonia y la decisión de quedarse
Su relación con la región comenzó mucho antes de instalarse: “Desde el ´89 yo venía a visitar a mi primo… y ahí me empecé a enamorar de la zona y de la gente”.
La decisión de mudarse fue familiar: “La única condición que le puse… era que nos tendríamos que venir a vivir acá”. Y agrega que con su pareja Natalia: “Nos vinimos sin trabajo, pero nunca estuvo ese pensamiento de volvernos”.
El viaje, recuerda, fue toda una aventura: “Tenía un Gol tres puertas gasolero… lo llenamos de cosas… nos vinimos con mi mamá y mi suegra”, cuenta entre risas. Por supuesto, construyó el mismo un tráiler donde trajo todas las cosas de ellos.
Construir una vida desde cero en Esquel
Sobre su casamiento, cuenta que fue soñado, en el Parque Nacional Los Alerces, en la Capilla del Lago Futalaufquen. Nos cuenta que fue como una novela, y que el festejo se intercalaba con chapuzones en el lago, caminata por el área y vuelta al casamiento. Con un paisaje cargado de retamas en plena floración, la boda estuvo envuelta en una especie de set de filmación: "Como una novela".
Los primeros tiempos de asentamiento en la Patagonia fueron de reconstrucción: “Mi primer trabajo acá fue de peón de plomero”. Y lo recuerda con humor: “Decían: ¿cómo un contador está picando paredes?”.
El esfuerzo continuó: “Nos prestaron plata, estuvimos devolviendo a los corralones, pero en un año hicimos la casa”.
Sobre esa etapa, Adrián remarca insistentemente la ayuda que brindaron a esta nueva familia para instalarse y prosperar en Esquel. Estos primeros gestos marcaron su vida y se aseguró de siempre devolver esa solidaridad a la comunidad.
Familia y presente: lo que sostiene todo
La vida familiar también marcó su camino: “En el 2009 nació Dante, y en el 2012 nació Lara”. Y hoy resume esa etapa con emoción: “Están peleándome todos los días, pero están bien, están estudiando”.
Docencia y vocación: “evangelizar académicamente”
Su presente está profundamente ligado a la universidad: “Empecé con tres materias… Contabilidad de costos, Auditoría y Contabilidad de costos aplicados” en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco como profesor.
Y luego asumió un rol de mayor responsabilidad: “Hace seis años me ofrecieron la delegación académica” de la Facultad de Ciencias Económicas de la Sede Esquel.
Adrián viaja periódicamente con un equipo de la institución al interior de la provincia en busca de animar a más jóvenes a que se inscriban en la Universidad y cambien su vida: “Viajamos para proponer que la gente sepa lo que es estudiar… todas las bondades que tiene la universidad”. Brindan charlas sobre las carreras que ofrece la universidad, se aseguran que asistan familias enteras para que todos puedan escuchar lo que puede brindar una vida estudiantil y con un futuro profesional.
Pero también enfrenta realidades complejas: “Lo más duro que descubrí es que los padres se resisten a que los hijos estudien”, cuenta con profundo pesar.
Filosofía de vida: esfuerzo, trabajo y felicidad
A lo largo de su relato aparece una idea repetida: el esfuerzo como motor.
“No hay logro sin esfuerzo”, afirma. Y agrega: “Los límites se los pone uno”.
Sin embargo, la frase más representativa de su persona y el consejo que deja a las generaciones futuras es más simple aún: “No hay nada más feliz que trabajar en lo que a uno le gusta”.
Nuestro más sincero agradecimiento a Adrián por hacerse un tiempo y brindarnos esta cálida entrevista.