El fenómeno meteorológico El Niño-Oscilación del Sur ya se encuentra en fase de formación para la campaña agropecuaria 2026/27. Las últimas actualizaciones de los centros internacionales indican una probabilidad superior al 80 % de que el evento quede firmemente establecido durante el trimestre de junio-agosto, con una tendencia a intensificarse hacia la primavera. Ante este panorama, especialistas del Instituto de Clima y Agua del INTA compartieron las principales claves para que productores y comunidades gestionen tanto las amenazas hídricas como las ventajas productivas que traerá este ciclo.
La meteoróloga Natalia Gattinoni explicó que el fenómeno suele iniciar con una intensidad débil que se incrementa de forma paulatina. "Según los pronósticos actuales, para esa época hay chances iguales de que sea moderado, fuerte o muy fuerte, dada la incertidumbre que todavía presenta el sistema de pronóstico", sostuvo la especialista, aclarando además que se debe aguardar la interacción completa entre el océano y la atmósfera para definir el impacto real en los regímenes de lluvia. Para el trimestre invernal, se proyectan precipitaciones normales o superiores a las históricas en el centro y norte del país, acompañadas de temperaturas medias más altas que el promedio general.
Por su parte, Pablo Mercuri, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales (CIRN), remarcó que el impacto de El Niño nunca es uniforme y varía según la geografía. "Los extremos de excesos hídricos se concentran sobre todo en determinadas zonas y cuencas, mientras que vastas áreas productivas transitan estos ciclos con condiciones favorables e incluso excepcionales para la producción durante los años El Niño y post El Niño", analizó el especialista. El riesgo principal se concentrará en las grandes cuencas de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay, donde el aumento de caudales puede afectar a las poblaciones ribereñas y producciones rurales de zonas bajas.
Los técnicos recordaron que las lecciones de eventos históricos severos, como los registrados en los períodos 1997/98, 2009/10 y 2015/16, demuestran que la clave se encuentra en la planificación previa. "La diferencia entre sufrir daños y pérdidas o capitalizar las oportunidades que generan estos fenómenos depende de tomar decisiones preventivas y planificar con tiempo", aseguró Mercuri. La estrategia recomendada incluye el monitoreo constante de napas en áreas deprimidas, el traslado a tiempo de la hacienda ganadera y el aprovechamiento de los sectores altos o bien drenados para potenciar al máximo los rendimientos de los cultivos.
EBW