19 de Julio de 2026
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Una final que se repite: una historia similar la viví en Italia 90

Un equipo diezmado en lo físico, pero entregando el corazón. Hoy fue ante España; hace 36 años, ante Alemania.

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(Por Carlos “el Chavo” Ortiz). La participación del seleccionado argentino en el Mundial 2026, que concluyó esta tarde, guarda profundas similitudes con lo vivido hace 36 años en Italia 90. Así como el camino de Qatar 2022 tuvo mucho del épico trayecto de México 86, la historia vuelve a repetirse y los caminos se cruzan. Los protagonistas, aunque con apellidos diferentes, replicaron el mismo guion de entrega y sufrimiento.

 

 

Diego Maradona fue el eje de aquella gesta en el 86 y, con el tobillo inflado "como una pelota", continuó arrastrando el alma en la final de Italia 90 ante Alemania, que terminó en derrota por 1 a 0. Lionel Messi pasó por los mismos estadios: con mejores resultados globales en su carrera, es cierto, pero tras haber sido el máximo prócer en Qatar 2022, mostró en Estados Unidos —a veces con pinceladas, otras con pura presencia— lo increíble que es como jugador y como líder absoluto de un grupo.

 

Han sido generaciones doradas del fútbol argentino. Como aquella que armó Carlos Bilardo para México 86 y que no pudo coronar en Italia 90. O como la que edificó César Luis Menotti en 1978, aunque en España 82 (tal vez con mejores nombres individuales por la suma de Maradona y Ramón Díaz) cediera terreno en la segunda ronda, en un mundial de apenas 24 equipos —justo la mitad de los que compitieron en este particular torneo de Estados Unidos, Canadá y México 2026—.

 

Tras el fracaso de Rusia 2018 bajo el mando de Sampaoli, nació otra Generación Dorada. El secreto fue rodear a Messi, hacerlo sentir cómodo y estructurar el juego para él. A Lionel Scaloni el tiempo le dio la razón: el grupo humano estaba por encima de todo. La unión y el despojo de los egos fueron las claves del éxito. Por supuesto, contar con futbolistas de un bagaje técnico increíble permitió todo lo que disfrutamos en este ciclo.

 

Scaloni construyó, junto a su cuerpo técnico, un equipo que quedará en la historia a pesar de la derrota de hoy. Dos títulos de Copa América, la Finalissima con aquella recordada paliza 3 a 0 a Italia en Wembley, la Copa del Mundo en Qatar y, ahora, la medalla del segundo puesto. Mucho y bien merecido para este plantel.

 

 

Las increíbles y agónicas victorias ante Egipto primero e Inglaterra después se parecen notablemente a los triunfos de 1990 contra Brasil e Italia (ambos con goles de Claudio Caniggia) y al posterior éxito en los penales. En el arco, Sergio Goycochea fue un gigante en aquella época, tanto como Emiliano "el Dibu" Martínez lo es en el presente.

 

Aquella final ante Alemania hace 36 años tuvo una atmósfera idéntica al partido frente a España de esta tarde. El equipo argentino llegó con el cuerpo dañado, diezmado por el cansancio extremo y las lesiones de sus figuras, pero con el alma y el corazón calientes. En ambos encuentros hubo un claro dominador: Alemania nos tiró los tanques encima en el 90; hoy, España desplegó la belleza e intensidad de su juego. Goycochea fue una muralla entonces, como lo fue "el Dibu" Martínez hoy.

 

El rigor físico y la tensión también nos costaron una expulsión. En aquella oportunidad fue Pedro Monzón (la primera tarjeta roja en la historia de las finales del mundo); hoy le tocó a Enzo Fernández, en una decisión donde queda la duda de su primera amarilla, aunque la segunda falta bien pudo ser roja directa.

 

 

La consigna en ambas finales fue la misma: aguantar. Resistir con lo último que quedaba en el tanque, buscando estirar el desenlace hasta la tanda de penales, debido a que las bajas por amonestaciones, las lesiones y el desgaste extremo habían hecho mella en el esquema argentino. Después de la batalla épica ante Inglaterra el miércoles pasado, el equipo llegó extenuado a la gran final. Nos dimos cuenta de que, a veces, con el corazón solo no alcanza para ganar una final, y menos ante una España lúcida.

 

Si retrocedemos en el tiempo, recordaremos que tras la hazaña ante Italia en las semifinales del 90 —luego de ir perdiendo con el gol de Salvatore Schillaci, lograr el empate de Caniggia y clasificar por penales— el desgaste también fue demoledor. En aquella ocasión, Alemania ganó merecidamente por la mínima: un 1 a 0 con un penal ejecutado por Andreas Brehme que Goycochea estuvo a punto de contener.

 

 

La película de hoy la vimos todos. Argentina se vio desbordada por la Furia Roja en varios tramos del encuentro hasta que, a 13 minutos del final, llegó el gol de la victoria española. Es cierto que estuvimos "a nada" de empatarlo sobre el cierre. Una pena.

 

 

La experiencia nos enseña que, en el análisis periodístico, siempre hay que ponderar el camino recorrido por encima del resultado inmediato. Con el paso del tiempo, nos daremos cuenta de que la juventud actual se sentirá plenamente representada por estos "indios", como alguna vez los definió Scaloni. Los que antes fuimos jóvenes (y hoy tomamos la derrota como un peldaño más en el aprendizaje) también nos maravillamos en su momento con el equipo de Bilardo.

 

Los tiempos y los contextos cambiaron, es verdad. Pero la película que vi en este Mundial 2026 fue, en esencia, la misma que me emocionó en Italia 90.

 

 

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