Una investigación que siguió durante más de seis años a pumas de dos parques nacionales reveló cómo cambia su alimentación según el ambiente y la época del año.
Durante más de seis años, investigadores monitorearon a distintos ejemplares de puma en dos parques nacionales de Santa Cruz para conocer sus hábitos y reconstruir qué especies forman parte de su dieta.
El trabajo fue realizado por especialistas del CONICET, Rewilding Argentina y universidades internacionales, que utilizaron collares satelitales para seguir los desplazamientos de los animales. A partir de miles de recorridos, pudieron identificar los lugares donde los pumas permanecían durante períodos prolongados y analizar qué presas consumían.
El resultado permitió reunir una de las bases de datos más completas sobre la alimentación del puma en América.
El guanaco, la principal presa
La investigación confirmó que el guanaco es la principal fuente de alimento para los pumas en los dos ambientes estudiados, aunque su presencia en la dieta varía considerablemente según la región.
En el Parque Nacional Monte León, los guanacos representaron el 44% de las presas identificadas. En ese ambiente, los pingüinos ocuparon el segundo lugar y representaron aproximadamente una cuarta parte de los registros. También aparecieron liebres europeas, choiques, zorros, hurones, peludos y caballos cimarrones.
En el Parque Nacional Patagonia, en cambio, la presencia del guanaco fue mucho más marcada: concentró el 72% de las presas registradas. Muy por detrás se ubicaron los choiques, los caballos cimarrones y otras especies.
Uno de los datos destacados por los investigadores fue la baja presencia de ovejas en la alimentación de los pumas dentro de ambos parques nacionales. Sin embargo, señalaron que será necesario ampliar los estudios en los establecimientos ganaderos cercanos para conocer qué ocurre fuera de las áreas protegidas.
La dieta también cambia entre machos y hembras
El estudio también permitió observar diferencias entre los ejemplares según su sexo.
En Monte León, las hembras presentaron una alimentación más variada y consumieron en mayor proporción liebres, pingüinos, armadillos y zorros. Los machos, en cambio, concentraron buena parte de su dieta en los guanacos.
Según los especialistas, esta diferencia podría estar vinculada al tamaño corporal. Al ser más pequeñas, las hembras pueden cubrir sus necesidades energéticas con presas de menor tamaño y evitar los riesgos que implica la caza de animales más grandes.
El menú cambia según la estación
La disponibilidad de alimento también modifica el comportamiento de los pumas a lo largo del año.
En Monte León, durante la primavera y el verano, varias hembras reducen el consumo de guanacos y aprovechan la llegada de los pingüinos a las colonias reproductivas. Entre septiembre y marzo, estas aves se convierten en una fuente de alimento abundante y accesible.
En Parque Patagonia ocurre una situación diferente. Durante el invierno, los guanacos descienden desde las mesetas hacia zonas más bajas. En ese período, los pumas aumentan el consumo de esta especie y reducen la caza de choiques, caballos cimarrones y ovejas.
Un depredador clave para el ecosistema
Más allá de las diferencias entre los parques, las estaciones y los ejemplares, la investigación mostró la capacidad del puma para adaptarse a las condiciones de cada ambiente y modificar su dieta de acuerdo con la disponibilidad de presas.
Para los investigadores, estos resultados también muestran la importancia de conservar las poblaciones de fauna nativa. La presencia de animales como el guanaco y otras especies permite sostener la alimentación del puma y su rol como uno de los principales depredadores y reguladores naturales de los ecosistemas patagónicos.
Fuente: ADNSur
MA