Por Lelia Castro
Hay lugares que no solo forman parte de un paisaje, sino también de la historia y de la vida de una ciudad. Lugares que permanecen en el tiempo, acompañando generaciones y siendo testigos silenciosos de todo lo que ocurre a su alrededor.
El Cerro 21 es uno de ellos. Desde sus alturas observa a Esquel como un verdadero centinela natural, presente en la memoria de quienes crecieron mirando su silueta y de quienes alguna vez eligieron sus senderos para encontrarse con la montaña.
Mucho antes de ser conocido como Cerro 21, esta montaña llevaba el nombre de Calfu Mahuida, una denominación de origen mapuche que significa “cerro azul”, haciendo referencia a esa tonalidad que muchas veces toma cuando se observa desde la distancia, mezclándose con los colores de la cordillera.
Para los antiguos habitantes de estas tierras, los cerros no eran solamente parte del paisaje. Eran puntos de referencia, lugares con significado y parte de una profunda relación con la naturaleza que los rodeaba.
Con una altura aproximada de 2.100 metros sobre el nivel del mar, el Cerro 21 forma parte de uno de los escenarios naturales más destacados que rodean a Esquel. Su historia también está ligada al crecimiento de la ciudad y a la presencia del destacamento militar que se instaló en la zona, formando parte de una etapa importante de la construcción de esta comunidad.
Con el paso de los años, esta montaña se transformó en un lugar elegido por vecinos y visitantes que buscan recorrer sus senderos, disfrutar del aire libre y vivir una experiencia que va mucho más allá de llegar a la cima.
Para quienes realizan una caminata a ritmo tranquilo, el ascenso al Cerro 21 puede demandar aproximadamente tres horas, un recorrido que requiere esfuerzo, preparación y respeto por la montaña. Muchas personas eligen hacerlo acompañadas, con amigos o en grupo, compartiendo el camino, las charlas, el cansancio y la alegría de alcanzar juntos la cima. Siempre es recomendable planificar la salida y evitar realizar este tipo de recorridos en soledad.
Pero el Cerro 21 también se disfruta desde abajo. Su imponente presencia forma parte de la postal cotidiana de Esquel y son muchos los visitantes que llegan hasta sus alrededores para contemplar el paisaje, llevarse una fotografía de recuerdo y guardar una imagen de esta montaña que acompaña la vida de la ciudad.
Porque subir un cerro muchas veces se parece a la vida. Hay momentos en los que aparece el cansancio, en los que las piernas pesan y uno piensa en detenerse, pero también existe esa fuerza interior que invita a continuar. Y cuando finalmente se alcanza la cima, la recompensa es mirar hacia atrás y saber que cada esfuerzo valió la pena.
Desde allí, Esquel se muestra diferente: rodeada de montañas, de naturaleza y de esa belleza que caracteriza a este rincón de la Patagonia.
A los pies del Cerro 21 se encuentra la majestuosa Laguna Wilimanco, un espejo de agua que completa este paisaje cordillerano, reflejando los colores del cielo y de las montañas que la rodean, regalando una postal diferente en cada estación del año.
El Cerro 21 tiene su encanto durante los 365 días del año. Cada estación le regala una postal diferente: el silencio y la nieve del invierno, los colores que renacen en primavera, la energía de los días más cálidos del verano y las tonalidades del otoño que transforman el paisaje. Una montaña que siempre tiene algo nuevo para mostrar a quienes se animan a recorrerla.
El entorno natural del Cerro 21 permite también encontrarse con la fauna silvestre de la región. Durante el recorrido se pueden observar guanacos y, con un poco de fortuna, contemplar el vuelo de los cóndores que surcan los cielos cordilleranos, formando parte de una imagen única de la Patagonia.
Además del trekking, el cerro también es elegido por quienes buscan la aventura del vuelo en parapente, una experiencia que permite disfrutar de Esquel y sus alrededores desde una perspectiva diferente, sintiendo la inmensidad de la cordillera desde las alturas.
Para los amantes de la fotografía y los creadores de contenido, el Cerro 21 es un escenario que nunca se repite. La luz cambia con las horas y con las estaciones, regalando cada día nuevos colores, sombras y momentos únicos para capturar.
Pero la montaña también enseña que cada desafío requiere preparación. Antes de emprender el camino es importante informarse sobre las condiciones climáticas, elegir la época adecuada del año, llevar buen calzado, agua y los elementos necesarios para disfrutar de la experiencia de manera segura.
Son esos pequeños detalles los que hacen grande una travesía. Porque una montaña no se trata solamente de llegar arriba, sino de todo lo que uno aprende mientras avanza.
Hoy, muchos años después, el Cerro 21 continúa allí, firme, como un verdadero testigo de la historia de Esquel. Un lugar que guarda memoria, que invita a descubrir la naturaleza y que sigue regalando momentos únicos a quienes se animan a recorrerlo.
Porque hay montañas que no solo se suben con los pies: también se recorren con el corazón.