RED43 opinion
30 de Agosto de 2026
opinion |
Marisa Gomez

"Quedate tranquila"

Columna literaria por Marisa Gómez. 

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Lucía agarra el bollo de masa para hacer pan. Lo separa en partes, golpea contra el mesón, la vuelve a amasar y golpear. Forma otros bollos y los arroja con fuerza mientras se seca las lágrimas con el puño del pulóver. Levanta la cabeza al oír el arrastre de las chancletas al rozar el piso. 

 

—Mamá, ¿qué hacés levantada? Son las siete de la mañana. Hace frío. 

 

—No podía dormir, hija. Pensaba en vos —contesta Isabel parada en la puerta de la cocina mientras se acomoda el chal sobre el camisón de frisa. 

 

—Por favor, andá a tu cama. Es temprano.

 

—Sí, ya voy. Pero pensé y pensé. Decime por qué no recuerdo, cómo te hiciste ese moretón en la cara.

 

—Ahhh… Fue una pavada, mamá. ¿te acordás que te conté que estaba tan oscuro que no vi el escalón? Me caí y me golpeé contra el suelo. 

 

—Sí, pero la semana pasada tenías otro moretón en el brazo…

 

Lucía sigue amasando. Corta los bollos, los vuelve a amasar y cortar. Coloca aceite en la bandeja, los tira y con un movimiento seco y duro, los atraviesa con el cuchillo. Por último, los deja al lado del calefactor. Isabel se queda observándola. 

 

—Dejaste a Gustavo… ¿no?

 

—Sí, hace rato. Quedate tranquila. 

 

Su madre sentada en el comedor mira como limpia el mesón, barre la cocina, le pasa el trapo de piso. Y por último se va a bañar. 

 

Sale del dormitorio cambiada, pintada. Al llegar a la puerta le da un beso.

 

—Hoy no vuelvo a almorzar. Recién a la tardecita voy a estar en casa.

 

A las cuatro de la tarde, golpean fuerte la puerta de la casa de Isabel. Se le cierra el pecho mientras camina lento. Respira hondo antes de abrir. 

 

—¿Aquí vive la enfermera Lucía Mendoza? —pregunta uno de los policías.

 

—Sí, es mi hija… Mi Dios ¿qué le pasó? —y siente las piernas flojas.

 

—Tranquila. Busque sus cosas, la llevamos al hospital.

 

—¿Al hospital? ¿Por qué? 

 

—En el camino le explicamos.  

 

—¿Fue un accidente? 

 

—¿Conoce al señor Gustavo Salvidia? 

 

—Sí, es su pareja.

 

—Está muerto.

 

—¿Cómo? ¿Qué pasó? 

 

—No está claro. Lo único que se sabe es que él tiene cuatro puñaladas y su hija está en observación, fuera de peligro. Lo demás se está investigando. 

 

Isabel da una vuelta por la cocina, observa la bandeja con los panes, prolijos, perfectos, con el corte profundo en el medio. Se coloca el abrigo y cierra la puerta.                                          
 

 

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