Cada 30 de agosto se rinde homenaje a Santa Rosa de Lima, patrona de América, las Indias y Filipinas. Isabel Flores de Oliva nació en Lima el 20 de abril de 1586 y dedicó su vida al servicio, la fe y la asistencia de las personas más necesitadas.
Desde temprana edad manifestó su vocación religiosa y transformó la casa familiar en un refugio para niños y ancianos sin recursos. A los 20 años ingresó a la Tercera Orden de Santo Domingo. Falleció el 24 de agosto de 1617, pero su festividad fue trasladada al 30 de agosto por disposición del papa Clemente X en 1671, para evitar que la conmemoración coincidiera con la de San Bartolomé Apóstol.
En el cono sur, la fecha coincide de manera habitual con cambios climáticos de fin de invierno, dando origen al mito de la Tormenta de Santa Rosa. En la cordillera y en particular en la ciudad de Esquel, los pobladores observan atentamente las proyecciones meteorológicas de estos días para anticipar la llegada de lluvias, nevadas o vientos fuertes en el cordón montañoso.
El origen de la creencia popular se remonta a 1615, cuando barcos neerlandeses intentaron desembarcar en el puerto del Callao para atacar Lima. Ante el inminente peligro, la religiosa congregó a las mujeres en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario para rezar por la protección del lugar. La repentina retirada de las embarcaciones fue interpretada por la comunidad como un hecho milagroso atribuido a sus plegarias.
Santa Rosa de Lima fue la primera persona en ser canonizada en el Nuevo Mundo. En la tradición católica, además de proteger al continente, es considerada patrona de los floristas y jardineros, e invocada ante conflictos familiares o eventos naturales de gran magnitud.
EBW