Este 2 de septiembre se conmemora el Día de la Industria en la Argentina, una fecha establecida en recuerdo de la primera exportación de productos elaborados registrada desde el Puerto de Buenos Aires en 1587. La fecha encuentra al sector productivo nacional atravesando un contexto económico complejo, signado por una persistente recesión, la caída del consumo masivo en el mercado interno y una marcada contracción en los niveles de actividad manufacturera a nivel federal.
Durante el acto central organizado por la Unión Industrial Argentina (UIA) en las instalaciones de la planta del Laboratorio Elea, las principales autoridades de la entidad trazaron un panorama exhaustivo sobre la evolución de los indicadores del sector. El encuentro contó con la particularidad de no registrar la presencia de representantes del Poder Ejecutivo Nacional, dejando vacíos los lugares reservados para funcionarios de las áreas del Ministerio de Economía y la Secretaría de Industria.
Al hacer uso de la palabra, el presidente de la UIA, Martín Rappallini, detalló la magnitud del impacto recesivo en las pymes y grandes fábricas del país, remarcando la paulatina pérdida de puestos de trabajo formales durante el último período. "Desde agosto de 2023, la industria perdió 90.000 puestos de trabajo asalariados registrados", precisó al graficar la dimensión de la retracción laboral en el sistema productivo.
Desde la entidad empresarial argumentaron que el sector asumió un rol central en el proceso de estabilización de precios y desaceleración de la inflación. Las autoridades mostraron datos comparativos que indican cómo los bienes industriales incrementaron sus valores finales por debajo del índice de precios al consumidor general, a diferencia de lo ocurrido con las tarifas de servicios públicos y la energía. "La industria le está poniendo el hombro a la estabilización", remarcó Rappallini para remarcar el esfuerzo fiscal y operativo asumido por las fábricas.
En el transcurso de las exposiciones, señalaron que la competitividad del sector se encuentra fuertemente castigada por la persistencia de una elevada carga tributaria en los tres niveles de gobierno, sumada a los costos de logística y el valor de los insumos energéticos. A este cuadro se añade la creciente preocupación por la contracción de las ventas en los comercios de cercanía y las grandes cadenas, lo que generó paradas de plantas y adelantamiento de vacaciones en diversos rubros.
Entre las principales demandas trasladadas al escenario público, la UIA solicitó el diseño e implementación de políticas específicas de financiamiento para la producción, la modernización de los esquemas impositivos para incentivar las inversiones de capital y la defensa del empleo local ante el incremento de productos importados. "La discusión industrial no es una discusión sectorial. Lo que hoy estamos discutiendo es qué país construimos para los próximos 30 años", sostuvo el titular de la UIA ante el auditorio de empresarios e invitados especiales.
El debate expuesto en la jornada retoma discusiones y tensiones recurrentes a lo largo de la historia económica argentina. Ya en 1587, el despacho del navío San Martín con tejidos producidos en Santiago del Estero hacia Brasil estuvo envuelto en denuncias por el ocultamiento de lingotes de plata, marcando el inicio del contrabando como un problema estructural del comercio exterior.
Años más tarde, durante el proceso de organización nacional en el siglo XIX, se consolidó el debate entre el modelo agroexportador y los intentos de protección aduanera para las industrias del interior. En 1930, con la Gran Depresión y la posterior Segunda Guerra Mundial, la Argentina impulsó el proceso de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI) para abastecer el mercado local ante la falta de productos manufacturados del exterior.
El ciclo industrial atravesó luego profundos giros económicos, como las aperturas comerciales e incrementos de deuda en 1976 y durante la década de 1990, períodos caracterizados por reestructuraciones de las plantas locales y cierres masivos de talleres y pymes. Con altibajos, el sector manufacturero ha alternado etapas de expansión impulsadas por la demanda interna con fases de restricción externa, alta presión impositiva e inestabilidad macroeconómica que hoy vuelven a ponerse en debate.
Por su parte, desde la postura oficial, el Gobierno nacional sostiene que se han tomado medidas concretas para favorecer al sector, remarcando la reciente implementación del Decreto 566/2026 que dispuso la reducción progresiva de los Derechos de Exportación para los productos industriales. Según argumentan las autoridades nacionales, esta medida busca aliviar la carga tributaria, incentivar la inserción en mercados internacionales y mejorar de manera automática la competitividad de las manufacturas locales frente al nuevo escenario de acuerdos comerciales externos.
EBW