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06 de Junio de 2016
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La falta de donantes de órganos se relaciona más con la ignorancia que con las creencias religiosas

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En diciembre del 2005, el Congreso Nacional, sancionó la Ley 24.193, creando la figura del donante presunto. Esto significa que todo mayor de 18 años que no haya manifestado su voluntad contraria, será considerado, donante de órganos para trasplante en el momento de su fallecimiento. Igualmente, los familiares son consultados en el momento de la muerte. En los casos que el fallecido sea un menor de edad, la ley establece que si no hubiera padres ni representante legal, la decisión debería ser tomada por el pariente consanguíneo hasta el cuarto grado.
La ley contempla el caso del donante vivo relacionado por parentesco directo, para la donación de riñón y para hígado. En el implante de médula ósea, al ser un tejido renovable, el donante vivo puede no tener relación de parentesco con el receptor.
Sin embargo, no caben dudas que siempre es preferible el implante de un órgano proveniente de un donante fallecido, a fin de evitar un posible daño en una persona sana ya que ésta será sometida a una intervención quirúrgica.
Usted no debe pagar nada para donar los órganos, es importante que sepa que su decisión de donante o no, puede ser cambiada indefinidamente, tampoco debe realizarse ningún examen de salud para dar su consentimiento, ya que será el equipo de trasplante el encargado en realizar múltiples estudios para garantizar la ausencia de enfermedades transmisibles, pues en esos casos se descarta para trasplante.
Es muy importante sacar de la población la falsa creencia de que uno puede ser dado por muerto por error, esto es imposible, ya que la muerte se certifica por dos médicos de los cuales uno es neurólogo o neurocirujano con la realización de  complejas pruebas que constatan sin ninguna posibilidad de duda, la muerte del posible donante. Una vez realizado estos estudios es cuando los coordinadores de transplante solicitan a los familiares el consentimiento para poder realizar la extracción de los órganos. Lamentablemente, esa solicitud debe realizarse en el momento en que la familia se encuentra consternada y dolorida por la muerte del familiar ya que cada minuto cuenta para mantener los órganos vitales y que sirvan para ser trasplantados.
Nunca se debe esperar una retribución por donar un órgano, ya que este es un acto solidario, es dar vida. Cualquier beneficio o especulación económica, está  penada por la legislación vigente.
También es importante aclarar que el cuerpo del donante no se desfigura luego de la donación, ya que los órganos se extraen dejándolo intacto. Luego es entregado a la familia para el funeral.
En, cuanto a lo religioso  muchas personas orientan sus vidas y decisiones de acuerdo con sus creencias. Debe diferenciarse entre los creyentes ya que algunos son muy radicales y no son capaces de tomar decisiones que vayan en contra de sus creencias, aunque este en juego su vida. Por todo esto hay muchas personas que se niegan a ser donantes o que les realicen un trasplante escudándose en sus creencias. En resumidas cuentas, la Iglesia Católica considera al trasplante de órganos como la obra de caridad más importante de la actualidad. Para los Testigos de Jehová que una persona sea donante o no depende de la conciencia de cada uno, siempre y cuando el trasplante no lleve implícito transfusión de sangre. Por tanto, la donación de órganos como la córnea no suponen  inconvenientes, en cambio si lo supone la donación de médula y de riñones, cuando sea efectuada  por un ser vivo. Incluso si la donación se va a efectuar de padres a hijos. El judaísmo, permite, en teoría, todo acto a salvar vida. Por tanto permitiría la donación y el trasplante. En realidad esto no ocurre así, ya que los judíos ortodoxos radicales no aceptan ni el trasplante ni la transfusión. En cambio los religiosos más tolerantes si lo aceptan. La Iglesia Mormona  está a la vanguardia de los avances científicos que pueden mejorar la calidad de vida humana, apoyando la donación y los trasplantes aunque esta decisión depende de las personas.
En resumen, debemos saber que decir “sí, dono” debe hacernos sentir un gran orgullo personal, pues nuestra decisión mejorará la calidad de vida y salvará la vida de muchas personas. Los que dicen “no dono” deben saber que el necesitado, algún día, no será un desconocido, tal vez, sea un amigo o un familiar. No esperemos a ese momento, para demostrar el verdadero amor al prójimo, el que da, sin esperar nada.

 

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