Una nueva columna de opinión de Ricardo Bustos
Si yo fuera Cisterna, Das Neves u Ongarato, no me saco una foto por esta obra ni borracho.
Vamos a volver a pagar otra vez por una obra que en su momento se hizo y, como no podía ser de otra manera, se hizo mal y se pagó con sobreprecio solo pensando en robar.
Como era lógico, el acueducto nunca funcionó como debía, y 8 años después, en lugar de investigar donde estuvo el afano, se la vuelve a licitar y muy probablemente se le va a adjudicar la obra a la misma empresa que la hizo mal la primera vez.
Desde luego que en todo esto, no hay un solo fiscal que se entere de nada, que investigue nada y que acuse a nadie por lo que significó aquel desastre y por lo que significa está tomada de pelo. Fiscales y jueces en Argentina, son una mera abstracción enunciativa, infinitamente lejana al concepto de lo que es justo y de lo que no lo es.
Y las licitaciones en la obra pública en Chubut, al igual que en Esquel y en Argentina, son una formalidad. La obra pública está cartelizada y los funcionarios que intervienen en los procesos licitatorios son quienes coordinan y deciden a que empresa le toca que obra y a qué precio. Si existiera un solo fiscal con los huevos suficientes como para investigar, y un solo juez con los huevos suficientes como para meter en cana a “empresucios” y políticos coimeros, otra sería la historia.
Pero como acertadamente dijo en 2005 Jorge Batlle, “los argentinos son todos una manga de chorros del primero al ultimo…”