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La tragedia de los hinchas de Boca que iban a la superfinal: “Yo decidí seguir”, dice hoy el único sobreviviente

A un año del accidente en la ruta en el que murieron en el acto cuatro amigos de Chubut, Luciano Virgili habla por primera vez.

“Ibamos tranquilos, tomando mates. Algunos hablaban con sus familiares por su celular. En un momento paramos al costado de la ruta porque llovía mucho y se veía poco. Después seguimos. Hasta que un auto que venía de frente se cruzó de carril y nos chocó. No recuerdo casi nada de eso porque creo que venía dormitando. Me desperté dos semanas después sin saber nada de lo que había pasado”.

Luciano Virgili vive en Trelew. Tiene 26 años y trabaja en la Policía de Seguridad Aeroportuaria en el Aeropuerto Almirante Zar. Además tiene un negocio de venta de leña junto a su madre, Graciela Fernández. Hijo único, es su único sostén. Es uno de los cinco jóvenes hinchas de Boca que el 10 de noviembre del año pasado viajaban desde Trelew para ver la primera final de la Copa Libertadores frente a River cuando, a la altura de la localidad de Lobos, en la ruta 205 y bajo una fuerte lluvia, sufrieron un tremendo choque. Cuatro de ellos murieron. Luciano sufrió graves heridas, pero sobrevivió tras una larga internación en el Hospital Italiano y varias operaciones. Aún continúa con su recuperación.

“Hoy siento que me falta algo. Ya no es como antes. Pero en realidad no puedo ni podré describir lo que se siente. Cuando pasan estas cosas te planteas: o seguís o te rendís. Yo decidí seguir. Peleándola para vivir. Por mi madre, por mis amigos que se fueron y por los que están. Todos me dieron fuerza, contención. Y sobre todo amor. Sin esas cosas es muy difícil que puedas salir. Porque a veces te dan ganas de decir basta. Hasta aquí llegué. Que todo termine”.

​Este domingo se cumple un año de la tragedia y Luciano da una entrevista por primera vez. El joven recibe a Clarín en la sede de la filial de Boca ubicada sobre la Avenida Eva Perón, en Trelew. Como es lógico, no le gusta recordar demasiado sobre aquel viaje de diversión entre amigos y conocidos que soñaban con un título histórico para su club y terminó en tragedia. “Sólo quiero hablar de cómo está la causa, que por suerte avanzó. Porque quiero que se haga Justicia. Nos chocó una persona que tenía 1,8 de alcohol en sangre. Les quitó la vida a los chicos, todos buenos, excelentes personas. Militantes sociales, estudiantes. No puede quedar así”.

Sebastián Berra, César Ezequiel Jones, Malcom Vitton y Franco Guido Silvestri (los tres primeros de Rawson y Silvestri de Trelew) fallecieron en forma instantánea en la ruta cuando el Peugeot Partner en el que viajaban impactó de manera frontal contra una camioneta Toyota Hilux. El quinto ocupante del utilitario era Luciano Carlos Virgili.

El conductor y único ocupante de la Hilux, de 21 años y de la localidad de Salvador María, en Lobos, resultó herido, pero sobrevivió al accidente. Según la carátula de la causa está imputado de un cuádruple homicidio culposo en un expediente que se tramita en Saladillo.

“Estamos tratando de cambiar la carátula, teniendo en cuenta el estado en que conducía. Tenemos dos testigos que vieron la camioneta ir en zig-zag y otro que todavía no declaró. También hay una cámara privada donde están rastreando las imágenes y otras dos personas que lo vieron salir y le aconsejaron que no manejara. Afortunadamente, estamos avanzando”, le dijo a este diario Carlos Silvestri, padre de una de los chicos fallecidos. Hay dos demandas, una civil y otra penal. Luciano también declaró ante la fiscal Patricia Ostel.

Los jóvenes fallecidos eran muy queridos y conocidos en la zona por su compromiso social, entre otras cosas. Berra era empleado público en Rawson y un activo delegado sindical de ATE. Al momento de la tragedia, Vitton era funcionario de la municipalidad de Rawson y militante social. Franco Silvestri, un destacado estudiante (al igual que Berra) en la Universidad de la Patagonia. Jones trabajaba horas y horas en un comercio de comida de sus padres ubicado en Puerto Rawson. La tragedia conmovió a toda la provincia, pero en especial a Rawson y Trelew, donde los chicos desarrollaban su vida.

“Estuve 15 días inconsciente. A mí me salvaron la vida en el hospital de Lobos, donde me atendieron poco después del accidente. De allí me trasladaron al Hospital Italiano. Cuando me desperté no sabía lo que me había pasado. Y creí que mis compañeros de viaje estaban también internados. Me dijeron lo que había pasado el 22 de diciembre, cuando ya me había recuperado bastante. La verdad, no sé que hubiera pasado si me enteraba antes”, afirma Luciano.

Tras seis meses de internación regresó a Trelew, donde continúa con su recuperación. Natación y gimnasio. Y por supuesto, sus trabajos. Y siempre, un paso por la sede de Boca. Es como un cable a tierra. Allí conversa y comparte su tiempo con Carlos Silvestri, el papá de Franco, a quien quiere y admira: “Su valentía y coraje no tienen frontera”. Luciano fue a la cancha de Boca un par de veces después del accidente. No puede describir sus sensaciones.

Pero en la charla reconoce que pudo renacer gracias a la contención de su madre y de sus amigos. También de la que recibió de parte de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, de Boca y de su fundación.

Luciano era íntimo amigo de Franco. Un hermano. Con él organizaron el viaje. Viajarían en su coche, pero se fueron sumando otros y entonces decidieron ir la Partner porque eran cinco y podían dividir mejor los gastos. A Malcolm y Sebastián los conoció esa tarde, cuando partieron. “Yo me había levantado a las cinco de la mañana para ir a trabajar al Aeropuerto. Entré a las ocho y salí a las 19. A las 20 me pasaron a buscar. Como estaba cansado decidimos que no iba a manejar. Imaginen que cuando ocurrió el accidente (NdR: poco antes de las seis de la mañana del 10 de noviembre) llevaba casi un día sin dormir”.

A sus 26 años, Luciano ya carga dos vidas sobre sus espaldas. Pero no se cansa de repetir que sólo la contención, el acompañamiento permanente y el amor lo hicieron salir adelante. Y también, fueron los motivos principales para no rendirse, para dar pelea. Fueron cientos de miradas, incontables abrazos y ya no sabe cuántas palabras lo que le hicieron seguir sin claudicar ni un minuto. Sabe que hay heridas que tardarán en cerrar. O que no cerrarán nunca. Pero los que siguen estando y los que ya no pueden estar les darán fuerza a los latidos de su corazón. Renovarán su pasión. Y lo sostendrán. Como lo describe esa pequeña pintura en palabras de Francisco “Paco” Urondo: “Si ustedes lo permiten, prefiero seguir viviendo”.

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