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Jorge Asís Digital: Llamada providencial de Trump

Oberdán Rocamora

El recurso inteligente de la diplomacia. El Departamento de Estado duerme a Itamaraty. Mensaje a Alberto, a Bolsonaro, a Macri, a López Obrador y a La Doctora.

«He instruido al FMI para trabajar con usted. No dude en llamarme», le dijo Donald Trump, El Perro de Fuego, a Alberto Fernández, El Poeta Impopular.
Desde lo intangible del poder, con un mero llamado telefónico, pueden cambiarse las expectativas. Y alterar el tablero geopolítico.
“Espero conocerlo pronto. Usted va a hacer un trabajo fantástico”.
Es el recurso inteligente de la diplomacia.
Resta, en adelante, que Alberto acuerde con Mauricio Macri, El Ángel Exterminador, la firmeza y solidez en la próxima Cumbre del Mercosur.
Jair Bolsonaro, Cabra Loca, es el más insolente obstáculo. Anticipa la cumbre para el 5 de diciembre.
Cinco días antes que el Ángel, el favorito vencido, inicie la epopeya personal como “jefe de la oposición” a Alberto.
En competencia, relativamente franca, con Horacio Rodríguez Larreta, Geniol. Asociado a la señora María Eugenia, Sor Vidal.
Pero antes de ser el aliviado opositor Macri tiene que ponerse las pilas aún como oficialista.
Para evitar las extorsiones de Bolsonaro, aquel que lo prefería.
En representación del Brasil, es el Presidente Pro Tempore del Mercosur.
Hoy Itamaraty es la cancillería llamativamente descolorida. Superada. No logra impedir la brusquedad de Bolsonaro. Ni atenuar sus papelones.
Las desubicaciones ofensivas que infectaron la relación con Francia.
Y con quien cree ser su socio principal. El vecino.

Mensajes polidireccionales

Bolsonaro es el primero que debe digerir el mensaje. El acercamiento de Donald Trump con Alberto.

Llamada providencial de Trump

La llamada telefónica de Trump fue suficientemente expresiva. Demuestra que, pese a la mentada “alianza de hierro”, Bolsonaro no mantiene la menor hegemonía sobre Trump.
Que el Perro de Fuego se le desmarca. Como corresponde al poderoso, sin avisarle.
Colgado del pincel, Bolsonaro no debe confundirse. Ni suponer que Estados Unidos y Brasil, en esta historia, son pares. En condición de igualdad y reciprocidad. Nada más lejano.
Además, el brusco Bolsonaro debe enfrentarse pronto a la casi inmediata libertad de Lula. El jefe natural de la oposición al que avergüenza a gran parte de la sociedad brasileña.
Lula es amigo, para colmo, de Alberto. Por lo tanto Alberto es también su enemigo. Como Lula. “Argentina no supo votar”.
Macri, aquí, es otro destinatario del mensaje polidireccional.
El beneficiario de un crédito de 50 mil millones que ni siquiera le sirvió para ganar su reelección.
Tampoco Macri debe equivocarse. Podría indagar en la sentencia de Disraeli.
“No hay amistades permanentes, hay intereses permanentes”.
Como Bolsonaro, tampoco Macri tiene atada la amistad de Trump.
De manera que queda entre paréntesis el proyecto liberador del comercio que Bolsonaro pretende imponerle al Mercosur.
Con la aquiescencia de Paraguay. Y, si Lacalle se impone en la segunda vuelta, también con el favor de Uruguay.
A los claros efectos de aislar a la Argentina. A través de un hecho consumado. Pero perturbado por la comunicación pletórica de buenos deseos.
Justamente cuando Alberto, el destinatario directo, se disponía a partir, para desmarcarse, hacia México.
Desplazamiento arbitrario que deriva en la manera elíptica de poner, en el primer plano, el conflicto ordinario con Brasil.
Un conflicto que se extiende y que los pocos industriales argentinos que quedan necesitan tener resuelto. Pronto.
Cuesta aceptar que Trump, aquí, muestra que es infinitamente más inteligente que Bolsonaro.
Y que el Departamento de Estado acaba de aplicarle un Valium 50 a Itamaraty. Para dormirlo.

Llamada providencial de Trump

Por supuesto que Trump se muestra, también, más inteligente que el iniciado Alberto.
El que explicita, sin ninguna necesidad, el proyecto de retirar a la Argentina del Grupo de Lima.
Nadería multilateral concentrada en el entretenimiento de Venezuela. Animada, junto a otros estadistas adictos al sí, precisamente, por Macri.

Venezuela como entretenimiento

El Grupo de Lima, que componen 14 países, es el puntal de la ofensiva sobre Venezuela. Entretenimiento colectivo que derivó en una tragedia humanitaria.
El objetivo del GL consiste en derribar al régimen imperante. Comandado por dos jerarcas bolivarianos, Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. Se desconfían con pasión.
En su desplazamiento voluntarista, organizado por un chileno inspirado, Alberto arrastra el propósito de asociarse al esquema que propone Andrés Manuel López Obrador, AMLO.
Con edificante valentía moral, AMLO se opone a la intervención armada en el entretenimiento de Venezuela que nunca, en definitiva, va a ocurrir.
Oponerse a lo que no existe suele ser una atractiva muestra de imaginación que podía haber cautivado a Gabriel García Márquez.
Pero sensatamente nunca nadie, ni siquiera John Bolton con la calculada distracción de sus anotaciones, consintió la falsa idea de desalojar a Maduro con una intervención armada.
Es el riesgo que fomenta, hacia adentro, el servicio de inteligencia de Maduro. Para blindar su posición con la permanente acción psicológica.
Mientras, en simultáneo, Maduro abusa de la fatal tendencia hacia la fragmentación de los opositores que inapelablemente ningunea.
Para Maduro su adversario real no es Guaidó, El Presidente Delegado. Es Trump.
Gracias a Vladimir Putin, aprendió Maduro a tomarle el tiempo a Trump. Del mismo modo que se lo sabe tomar Rohani, o el gordito Kim Jong-un, de Corea del Norte.

Llamada providencial de Trump

Cada vez que Trump amenaza con un ataque, lo toman como un objeto cotidiano de diversión.
Por suerte, Estados Unidos está más para salirse de las zonas de conflicto que para entrar en ellas.
Su sociedad ya no aguanta más la llegada de ningún ataúd envuelto en una bandera, ni siquiera desde Afganistán.
Tiene que habituarse -la sociedad- a asumir el riesgo de contemplar otros ataúdes. Los que pueden producirse por atentados internos.
Consecuencia, acaso, de la muerte de Bagdhadi, el Líder del ISIS. Alucinación criminal que ya estaba completamente vencida, sin territorio.
Pero con capacidad para operar desde el terrorismo. Basta, apenas, con la desesperación de un lobo solitario.

Descalificaciones extorsivas

Pasada la campaña electoral, en la Argentina, el entretenimiento de Venezuela deja de ser la mera chicana para descalificar al kirchnerismo.
Para transformarse en el pretexto de la confusión geopolítica.
Admite, entre los fuegos de artificio, hasta la salida del eje ideológico compartido por Trump-Duque-Macri-Vizcarra-Moreno y Piñera.
Por la llegada de La Doctora, y de Alberto, su propio Presidente Delegado, la actitud de Argentina ya no va a ser la que impulsaba Macri.
La condena frontal al régimen de Maduro. Con la ficción de aceptar, incluso, las cartas credenciales de una honorable señora embajadora que responde a Guaidó.
Al Presidente Delegado. Fábula del pobre muchacho, escogido a dedo por Almagro, en la OEA. Sometido, hoy, al patético desgaste de la indecisión.
Salir del Grupo de Lima, para merodear a México (que forma parte del Grupo), para Alberto no es tampoco la alternativa.
El sentido del primer desplazamiento es entonces equivocado. Y el solidario chileno no tiene la culpa.

Llamada providencial de Trump

Trump lo perforó a Alberto con la simple comunicación telefónica. Con la promesa del auxilio. El rescate del Fondo Monetario Internacional.

Mientras tanto Bolsonaro, que políticamente se sostiene colgado de las partes pudendas de Trump, se desgasta en extorsivas descalificaciones hacia Alberto. Con intenciones de hacer méritos ante su aliado Trump.
El que decide, a través del recurso inteligente de la diplomacia, extenderle una mano a Alberto. Y ponerse otra vez en el centro del escenario.
Ante la perplejidad desencantada de Macri, que debe indagar en Disraeli, y la desorientación del propio Alberto.
Ante la indiferencia tranquila de López Obrador y ante los insultos escatológicos de Bolsonaro.
Ante el misterio que alude siempre a La Doctora. La duda, en la ardiente Cuba, íntima y ya familiar.
Entre la continuidad del entretenimiento con la Venezuela Bolivariana, que se cuelga de Cuba, o recibir la colaboración del país imperial.

Estados Unidos, ingratamente, nunca la privilegió con la concesión de una visita de Estado. La añoraba.
Aunque Barack Obama, El Keniano, cuando la encontraba por algún pasillo de las cumbres del G-20, solía tributarle gestos de sincera simpatía.
Y hasta -por qué no- de cierta comprensión, de extraña ternura.

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