RED43 red43-canal
18 de Mayo de 2025
red43-canal |

Marcelo Codesal y su lucha por mantener viva la tradición

Tradición, trabajo y orgullo campero: la historia de José Marcelo Codesal, un hombre marcado por la tierra, los caballos y los valores heredados.  

Escuchar esta nota

- Por Lelia Castro -

 

Un 11 de noviembre de 1968 nacía en la ciudad de Esquel José Marcelo Codesal, un “tradicionalista”, según sus propias palabras. Sus estudios primarios los realizó en el Colegio Salesiano y los secundarios, aunque incompletos, los transcurrió en la Escuela Agrotécnica Salesiana de Río Grande. También fue parte del cuerpo de Gendarmería Infantil. 

 

 “Los curas nos inculcaban buena educación”.

 

Sus estudios secundarios los cursó en una escuela de curas que contaba con un número de 120 pupilos varones. El día se repartía entre estudios, trabajos varios y el cuidado y mantenimiento de animales, para Marcelo “era entretenido”. Sin embargo, en esos años le tocó vivir una experiencia que lo marcó profundamente porque fue doloroso de ver: “Vi en el año 82’ cuando los chicos volvieron de la Guerra de Malvinas”. 

 

“Yo llevo el nombre de José por mi viejo, y tengo una anécdota linda para contarles: José Hernández, el escritor del Martín Fierro, fallece y se hace el día de la tradición el 10 de noviembre. Bueno, por supuesto, yo le erré un día al 10 de noviembre, nací el 11, y quería que me llame José Hernández, porque mi abuela era apellido Hernández”.

 

Sobre su infancia, Marcelo recuerda aprender a trabajar desde muy chico y siempre “pegado” a su papá José. Cuando compraron la chacra, comenzó a familiarizarse con el mundo de los animales y, sobre todo, con el de los caballos: “siempre tenía muy buenos caballos”, recuerda con orgullo.

 

“Son todos recuerdos de golpes y porrazos de caballo, hasta que uno aprende a andar a caballo verdaderamente”. 

 

Aunque todavía es joven, para Marcelo su infancia transcurrió en una época muy diferente de la actual: “Somos de esa época nosotros, de picar la leña para calentar el agua”, relata. Una época en la que los inviernos eran particularmente bravos y largos. Sin embargo, como él mismo asegura, “éramos felices igual”. 

 

“Yo disfruté mi juventud”. 

 

Entre esos recuerdos de juventud está el matadero. Allí Marcelo, por orden de su padre, llevaba animales para faenarlos. La gente que trabajaba ahí “era buena”, y dejaba que todas las partes del animal se “aprovechen”, desde la carne, el cuero y las achuras. Particularmente, Marcelo y su familia iban “a buscar el desperdicio para los chanchos, por ejemplo”. 

 

“Me llenó mucho de orgullo mi vieja. Ya no la tengo, lástima, pero siempre tengo muy buenos recuerdos de ella. Excelente mamá”.

 

Como de su padre, Marcelo también guarda muy buenos recuerdos de su madre Antonia, de quien dice que fue una “excelente mamá” y, además, una gran e inigualable cocinera. En su honor nombró el predio de jineteadas de su campo. 

 

“El campo nunca se va a fundir y eso tiene trabajo”. 

 

Sus propios hijos han seguido su ejemplo. Marcelo cuenta muy orgulloso que es abuelo de Lunita, y que Ailín, Rocío, Florencia y Joaquín -sus hijos- estudian o estudiaron carreras afines al trabajo en el campo. Al respecto, relata: “Tuve la suerte de que mis hijas me acompañaron siempre cuando eran chiquititas a andar de caballo, a venir a la chacra”. Su campo siempre fue un espacio seguro al que volver. 

 

“Hicimos el campo de jineteada porque en Esquel hicieron una planta potabilizadora acá enfrente, en el arroyo de Esquel”. 

 

Otro de sus grandes orgullos es su campo de jineteadas. Junto con la construcción de la planta potabilizadora, Marcelo comenzó a organizar y hacer prosperar su campo. En el año 88’ creó su tropilla, y cerca del 2002 comenzó su proyecto. Con ayuda de amigos y familiares, y gracias a su propia impronta, “le empezamos a meter, a meter, y diseñamos el campo de jineteadas”. 

 

“Y fue algo que, ya le digo, uno solo no lo podía hacer. Fue toda gente colaboradora, gente que ayudó. Es imposible nombrarlos a todos”. 

 

Marcelo reconoce que, gracias al trabajo conjunto con tanta gente, pudo lograr este objetivo. Hoy en día siguen juntos, “como una familia”. Hoy en día, Marcelo tiene junto a Aldwryn Jones el mando de la tropilla más conocida de la región, “El Charque”. 

 

“Va a cumplir 37 años la tropilla El Charque”. 

 

Pese a que mantener una tropilla de 100 caballos es muy costoso, Marcelo sostiene este “hobby”. Las recompensas no son monetarias pero sí infinitamente mejores. En especial, Marcelo siente orgullo y se llena de satisfacción a partir del trabajo con los propios caballos, a los cuales acompaña hasta su vejez. 

 

“Nunca pensamos que íbamos a llegar hasta acá”. 

 

El éxito que tiene su tropilla y su campo de jineteadas no es azaroso, y es que Marcelo y su equipo se encargan de dejar todo siempre perfecto: desde el espacio al que riegan y rastrillan, hasta los animales que están cuidadosamente vigilados por un veterinario de confianza. Gracias a esta meticulosidad el campo de jineteadas ha dado la bienvenida a grandes jinetes que siempre han subrayado la buena organización de los eventos. 

 

“La jineteada hoy por hoy es un deporte”.

 

Reflexionando sobre el lugar de las jineteadas hoy, Marcelo recuerda que en su juventud “jineteábamos una vez por año o dos veces”, mientras que ahora ha adquirido el estatus de “deporte” para el cual la gente se entrena, además, los caballos siempre se encuentran en óptimas condiciones. Esto le permite a Marcelo perder el miedo y asegurar: “la tradición no se va a morir”.

 

“Me gustaba jinetear”. 

 

Marcelo mismo fue un gran jinete, y tiene trofeos que lo prueban. Si bien eran otras épocas, nuestro entrevistado recuerda mirar en video las jineteadas del norte para perfeccionarse. 

 

“Con la tropilla El Charque hicimos el cruce de los Andes a caballo, por el paso de ‘Los Patos’, donde fue nuestro General San Martín”. 

 

A modo de despedida, Marcelo rememora el arduo trabajo y esfuerzo que realizaron con sus compañeros para lograr todo lo que hoy tienen, antes “no teníamos nada”. Pero poco a poco, y sacrificio mediante, salieron adelante. Uno de los grandes deseos de Marcelo es que la tradición no se pierda, porque es eso, precisamente, lo que nos constituye: lo que nos hace ser argentinos. 

 

Agradecemos de corazón a Marcelo y su familia por brindarnos esta nota y recibirnos tan cálidamente en su hogar. 
 

 

¿QUÉ TE PARECIÓ LA NOTA?
Ocurrió un error