La jornada nocturna estuvo marcada por un comportamiento errático de las llamas en los cerros de Puerto Patriada . Lejos de aplacarse con el descenso de la temperatura, la inestabilidad atmosférica y el viento jugaron a favor del incendio, generando reactivaciones que obligaron a redoblar esfuerzos en plena oscuridad.
El esfuerzo humano frente a lo impredecible
Sin la posibilidad de contar con el apoyo de aviones o helicópteros durante la noche, el trabajo recayó exclusivamente en los hombros de las cuadrillas terrestres. Brigadistas de la Secretaría de Bosques, el Servicio Nacional de Manejo del Fuego y bomberos de la región se internaron en las fuertes pendientes del terreno, trabajando de forma manual para defender perímetros y evitar que las brasas saltaran hacia nuevas zonas de bosque.
El desafío no fue solo la pendiente y el calor, sino la formación de columnas convectivas. Estos fenómenos generan sus propios remolinos de viento, lanzando ráfagas en direcciones variables que vuelven el avance del fuego totalmente impredecible. En medio de la noche, cada cambio de dirección del viento representaba una nueva amenaza para la seguridad de los combatientes.
Un escenario desolador que supera las 2000 hectáreas
El balance de lo que el fuego dejó a su paso es desgarrador: ya son más de 2.000 hectáreas de matorral, bosque nativo e implantado las que han sido reducidas a cenizas. A esto se suma la confirmación de la intencionalidad detrás del inicio del fuego, una realidad que pesa sobre el ánimo de los equipos que arriesgan su vida en cada metro de línea de defensa.
Un despliegue que no sabe de horarios
En el operativo participan de forma mancomunada personal de las municipalidades de El Hoyo y Epuyén, Protección Ciudadana, Policía y Gendarmería, quienes además de combatir el fuego, coordinan la logística para asegurar que el agua y los suministros lleguen al frente de batalla.
Al amanecer de este viernes, el agotamiento es visible en los rostros de quienes trabajaron toda la madrugada. Sin embargo, el operativo no se detiene; con la llegada de las primeras luces, la esperanza está puesta en que la visibilidad permita el regreso de los medios aéreos para dar un respiro a quienes no soltaron la herramienta en toda la noche.
F.P