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Chacra Baruk: vino de dos mundos

Omar Daher, propietario de Chacra Baruk, detalla el desafío de producir vinos de alta gama en la IG Trevelin, combinando raíces libanesas con la identidad patagónica en un entorno productivo extremo.

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Ubicada en la zona de Los Cipreses, dentro de la Indicación Geográfica Trevelin, Chacra Baruk representa la tenacidad de los vitivinicultores de la región. El emprendimiento comenzó en 2016 con una primera media hectárea de Pinot Noir y Gewürztraminer, extendiéndose en 2021 hasta completar una hectárea. Tras finalizar la tercera vendimia el último fin de semana, Omar Daher destaca que el resultado son vinos con una gran tipicidad, muy aromáticos y con una acidez equilibrada, propios de esta zona austral.

 

 

 

El productor resalta la reciente Fiesta de los Viñedos de Trevelin como un hito para la actividad, permitiendo que los vecinos conocieran de cerca el trabajo local mediante visitas guiadas y degustaciones gratuitas. Según Daher, esta iniciativa tuvo una devolución muy positiva de gente que visitaba un viñedo por primera vez, marcando el inicio de una tradición que espera se perpetúe en el tiempo.

 

 

 

Sin embargo, el camino hacia la excelencia no está exento de dificultades. El productor explica que en esta región se corrieron las fronteras de la producción y que combatir las heladas requiere una resiliencia constante. El trabajo en el viñedo es personalizado, planta por planta, bajo un esquema agroecológico que busca la certificación orgánica en el corto plazo. Actualmente, utilizan ovejas para el abono natural y fertilización con microorganismos, eliminando casi por completo los agroquímicos.

 

 

 

"Es muy duro, hay que tener mucha resiliencia, a mí me llevó aproximadamente 10 años para tener un buen producto", confiesa el propietario. Esta dedicación se traduce en costos de producción que pueden ser hasta quince veces superiores a los de zonas tradicionales como Mendoza. Al ser viñedos pequeños que priorizan la calidad sobre la cantidad, el rendimiento se limita a uno o dos kilos por planta para concentrar la energía en pocos racimos, resultando en vinos de alta gama.

 

 

 

La identidad de Chacra Baruk está profundamente ligada a la historia familiar de Daher. El nombre y la etiqueta rinden homenaje a Baruc, el pueblo natal de su madre en el Líbano. Un retoño de cedro traído desde aquella reserva mundial crece en la chacra desde hace 26 años y es el símbolo central de su marca. "Nosotros decimos que es un vino de dos mundos. La etiqueta es el cedro libanés y tiene arriba una cruz del sur que significa la característica patagónica", explica el entrevistado sobre esta fusión cultural.

 

 

 

En cuanto a la comercialización, el canal más efectivo es la propia bodega, donde el visitante comprende el esfuerzo detrás de cada botella tras recorrer las hileras. Con una producción anual que ronda las 1.900 botellas, los vinos también se encuentran en vinotecas seleccionadas de Esquel y Trevelin, y en restaurantes que ofrecen maridajes con comida árabe y ahumados patagónicos.

 

 

 

De cara al futuro, el emprendimiento planea abrir un espacio gastronómico propio a partir de septiembre para recibir al turismo de manera permanente. Mientras tanto, continúan las visitas guiadas con reserva previa, accediendo por el Callejón Guzmán, para aquellos interesados en descubrir el sabor de este rincón cordillerano. "Apuntamos no a cantidad, sino justamente a vinos de alta calidad, por eso es que los precios son muy particulares", concluye Daher.

 

 

 

 

 

 

E.B.W. 

 

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