El 14 de febrero, el Parque Nacional Los Alerces estaba bajo el humo y el esfuerzo de los brigadistas, lo que obligó a poner en pausa el sueño de muchos deportistas. Pero la espera terminó ayer, 4 de abril, cuando el Lago Futalaufquen finalmente cambió el tono de su historia reciente. Más de 130 nadadores se lanzaron al agua para demostrar que el deporte es también una forma de habitar y sanar el entorno, marcando un hito al ser el primer evento de de aguas abiertas en este lago.
Un escenario impecable y desafiante
El clima se sumó a la celebración con una jornada que pareció diseñada a medida, ofreciendo un cielo despejado y un lago en calma que facilitó la logística. Al momento de la largada, la temperatura del agua marcó 12 grados, un número que puso a prueba la templanza de los participantes pero que resultó ideal para la alta competencia. La convocatoria fue verdaderamente federal y cruzó fronteras, recibiendo a atletas de Tierra del Fuego, Buenos Aires, Santa Cruz, Rosario y Chile, además de los representantes locales de la Comarca Andina y de la costa chubutense. Entre ellos destacó la figura de Mayte Puca, la campeona mundial que jerarquizó una largada compartida por nadadores de todas las edades y declarada como madrina de las próximas ediciones.
Seguridad y debut en la Patagonia
La organización priorizó la seguridad en cada una de las tres distancias. En la prueba de los 10 kilómetros, cada nadador individual contó con el seguimiento personalizado de un kayakista. Por su parte, la modalidad por equipos —un estreno absoluto para las aguas abiertas de la Patagonia— funcionó mediante relevos donde los integrantes nadaron tiempos acordados con el apoyo del Club Esquel de Pescadores y sus timoneles. Mientras que en los 10K el traje de neoprene fue requisito obligatorio, en las distancias de 1.5 y 3.8 kilómetros era una opción, y se dio lugar a probarse en la modalidad de NAF.
Precisión y el calor del reencuentro
Para garantizar la exactitud de los resultados, cada deportista llevó dos chips de cronometraje en sus muñecas bajo la atenta mirada de Prefectura, guardavidas y el personal de Parques Nacionales. Sin embargo, el espíritu del evento se terminó de sellar fuera del agua. El cierre de la jornada fue un momento de pura camaradería alrededor de un guiso de lentejas compartido entre nadadores, familias y colaboradores. Ese encuentro final, entre anécdotas de las brazadas y el calor de la comida, fue el broche de oro para una fecha que devolvió la alegría y el movimiento a un destino que es Patrimonio Mundial de la Humanidad. Hubo premios y sorteos y se pudo disfrutar de una tarde de premiación con mucha alegría y motivación para continuar con más ediciones y más eventos en el el Parque Nacional Los Alerces, un paraíso para disfrutar, valorar y defender.
Agradecemos las imágenes aportadas por Mauro Rivera y participantes del evento.
E.B.W.