Cecilia Vera y Horacio Claverie, ingenieros forestales vinculados a la comisión asesora de la Reserva Natural Urbana Laguna La Zeta, compartieron los detalles del minucioso trabajo de restauración que se lleva adelante en un relicto único de cipreses dentro del área protegida de Esquel. Vera, quien también se desempeña como docente de educación técnica profesional en la Escuela Politécnica 701, remarcó la importancia biológica de este espacio señalando que la biodiversidad en el bosque nativo es superior, y eso genera un montón de interacciones, hábitats para muchas especies, la autorregulación de ese ecosistema, y el equilibrio ecológico. En contraposición, la especialista explicó que en una plantación monoespecífica todo esto se ve muy limitado y el ambiente se vuelve dependiente de la conducción del hombre ante posibles plagas o invasiones.
Respecto al origen de este bosque autóctona, Claverie recordó que el espacio actual se conformó a partir de apenas diez plantas de cipreses que sobrevivieron en una zona de pendiente importante ubicada hacia el noroeste de la reserva. Esos diez árboles originales fueron semillando en forma natural a lo largo de los años y hoy en día el área se expandió hasta alcanzar las 50 hectáreas.
Sin embargo, este crecimiento natural se encuentra rodeado por las densas plantaciones de pinos que tiene la reserva, lo que genera una caída masiva de semillas de ambas especies en el mismo suelo y deriva en una competencia natural por el territorio.
Frente a este escenario, los técnicos de la comisión asesora determinaron que la mejor opción para el ecosistema era favorecer el desarrollo de los cipreses, lo que demanda una intervención directa para controlar el avance del pino. Claverie describió que se realiza una extracción de los pinos que compiten con los cipreses, una tarea que puede parecer un poco cruenta pero que es indispensable para favorecer el crecimiento de la especie nativa.
Para llevar a cabo este manejo, el ingeniero elogió el rol de la gestión local al manifestar que el municipio presentó un proyecto de donación y recibió fondos, entonces hizo un alambrado para proteger el Cipresal y también han hecho algunas cortas de árboles grandes. De esta manera, el personal municipal se encarga del volteo de los ejemplares más gruesos con motosierras, mientras que los voluntarios de la comisión asesora concentran sus esfuerzos en extraer los pinos más chicos utilizando herramientas manuales como tijerones y serruchos.
Finalmente, los profesionales destacaron que la reserva es un espacio apropiado por la comunidad y que todas estas acciones se enmarcan dentro de un programa transversal de educación ambiental que busca formar ciudadanos conscientes de su entorno.
Para dar continuidad a este proceso de restauración, informaron que ya se estableció la fecha para la próxima jornada comunitaria de plantación voluntaria, la cual se concretará el próximo 6 de junio en la zona de la cabecera del Canal Derivador, utilizando plantines producidos con semillas cosechadas en la propia reserva de La Zeta.
EBW