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08 de Agosto de 2026
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Ángeles del Puente: tres años cuidando vidas

Nacida desde la fe, una red de 700 voluntarios patrulla el Puente General Belgrano las 24 horas. A tres años del inicio de una misión que ya asistió a 315 personas, testimonios que transformaron el dolor en una mano tendida.

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Por Lelia Castro

 

Una bandera argentina sobre los hombros fue suficiente para despertar una pregunta. Al pasar por el Puente General Belgrano, que une Corrientes y Chaco, dos personas caminaban llevando los colores argentinos. Días después, debajo de ese mismo puente, fue posible conocer qué había detrás de aquella imagen.

 

Eran Fabián Velázquez y Gonzalo, integrantes de Ángeles del Puente. Lo que comenzó como una curiosidad abrió la puerta a una historia de fe, organización, dolor y segundas oportunidades, protagonizada por personas que alguna vez atravesaron sus propios momentos límite y que hoy eligen estar cuando alguien más necesita una mano.

 

Tres años patrullando el puente

 

Ángeles del Puente nació desde la Iglesia Casa de Dios, en Corrientes, impulsada por los pastores Gustavo Almirón y Rocío Telechea, cuya sede se encuentra en avenida Raúl Alfonsín 4043.

 

Un hecho ocurrido a pocos metros de la iglesia marcó un antes y un después: una persona se quitó la vida y aquella situación llevó a la congregación a preguntarse si era suficiente esperar puertas adentro.

 

Fabián lo recuerda con una frase que explica buena parte de lo que vino después: “Empezamos un altar en nuestra iglesia, una iglesia de oración, pero nos dimos cuenta de que el problema estaba afuera”.

 

La congregación había comenzado con un altar de oración permanente. La decisión de mantener el templo abierto “de continuo” los llevó a sostener la iglesia durante las 24 horas. Después de aquel episodio salieron primero a la vereda para entregar promesas bíblicas.

 

Más tarde comenzaron a estudiar las estadísticas y advirtieron que el Puente General Belgrano era uno de los lugares a los que llegaban personas atravesadas por situaciones límite. Entendieron entonces que había que salir a buscarlas.

 

La misión fue creciendo con un objetivo concreto: acercarse a quienes atraviesan depresión, adicciones, problemas económicos o familiares, a personas en situación de calle, a quienes se sienten solos y a aquellos que, por diferentes circunstancias, creen que ya no encuentran una salida.

 

El 6 de agosto de 2023 comenzaron a patrullar el puente.

 

“Eso nos llevó a implementar toda una estrategia de trabajo a través de la fe, a través de Dios, de poder venir a este lugar, patrullarlo y entregar una palabra de aliento a esas personas”, explica Fabián.

 

Hoy son alrededor de 700 voluntarios, organizados en grupos y redes que rotan sus días para garantizar una presencia permanente. Sobre el puente trabajan equipos de cuatro personas y los turnos se articulan para que siempre haya alguien allí, las 24 horas, los siete días de la semana.

 

Detrás de esa organización existen familias, trabajos y obligaciones que cada voluntario deja por unas horas.

 

“Somos personas, tenemos nuestras vidas, nuestra familia. Muchas veces tenemos que dejar un poco de nuestro tiempo para venir a hacer este trabajo, que es enfocarnos en otra persona que puede estar pasando un mal momento”.

 

Y enseguida aparece una de las razones más humanas de la misión:

 

“Nosotros también, en ese momento que pasamos mal, nos hubiese gustado que una persona se acerque a hablarnos”.

 

Fabián: “Dios te ama, tu vida vale”

 

Su propia historia permite comprender por qué esas palabras tienen tanto significado.

 

Fabián creció en una familia de padres separados y con dificultades económicas. Uno de sus hermanos llegó a convertirse en futbolista profesional y aquella realidad cambió radicalmente.

 

“Pasamos de no tener nada a tenerlo todo”, recuerda.

 

Pero aquel cambio también tuvo consecuencias en su vida. Cuenta que dejó de luchar por sus sueños y entró en un ambiente atravesado por las drogas, el alcohol, las fiestas y decisiones que comenzaron a alejarlo incluso de su propia familia.

 

“Me llevó a estar en tristeza, a esconderme. Me escondía de mi familia muchas veces por estar en adicción. Al estar así, drogado, muchas veces no querés que la otra gente te vea. Yo no quería que mi familia me vea”.

 

Su experiencia personal también aparece cuando habla de las personas que hoy encuentra durante los patrullajes.

 

“Me hubiese gustado que en ese momento haya esta actividad que hoy nosotros hacemos, de poder encontrarte una persona en la calle que te diga: ‘Dios te ama, tu vida vale, para Dios sos importante’. Yo creo que eso me hubiese ayudado mucho”.

 

Quien hoy es su esposa fue la persona que lo incentivó a acercarse a una iglesia cristiana. Allí comenzó lo que él mismo define como un “proceso de cambio” y “transformación”.

 

“Hoy por hoy soy un hombre casado, tengo dos hijos, me bauticé en la iglesia, sirvo en la iglesia”.

 

Su pasado no es algo que decidió esconder. Habla de aquellas malas decisiones con su familia y conserva amistades de esos años a las que intenta transmitirles el mismo mensaje: “Si yo pude cambiar, ellos también pueden hacerlo”.

 

Haber conocido de cerca la adicción, la tristeza y la soledad le permite hoy acercarse al otro desde un lugar diferente. No desde la teoría, sino desde lo vivido.

 

No termina en el encuentro sobre el puente

 

Los voluntarios observan, se acercan, entregan una promesa y, fundamentalmente, escuchan.

 

Muchas veces ese primer gesto permite que una persona que llevaba demasiado tiempo guardándose lo que le ocurre finalmente pueda hablar.

 

“La persona en ese momento se abre, nos cuenta qué está pasando, abre su corazón, sus problemas. Y ahí nosotros la animamos, tomamos sus datos para hacerle un acompañamiento también”, explica Fabián.

 

Después puede llegar una visita o la vinculación con un grupo adecuado para la situación que atraviesa.

 

“Esto no termina solamente de cruzarnos, ayudarte arriba, hablarte y chau”.

 

La tarea tampoco está exenta de momentos dolorosos. Existen ocasiones en las que, pese a todos los esfuerzos, no consiguen llegar a tiempo. Son situaciones que dejan una marca en quienes patrullan.

 

“Confiamos en un Dios, en un Dios de vida, que realmente nos fortalece para poder atravesar estas situaciones”.

 

Según el registro de Ángeles del Puente, desde el comienzo de la misión fueron asistidas alrededor de 315 personas.

 

“Para nosotros es un milagro de Dios, es una victoria. Eso nos motiva a seguir”.

 

Y cuando el cansancio aparece, Fabián resume aquello que los sostiene:

 

“No tenemos descanso; nuestra fuerza se renueva con Dios”.

 

El niño que no quería ser futbolista

 

Las banderas argentinas se convirtieron en una de las imágenes que identifican a los Ángeles del Puente. Quienes transitan habitualmente por el General Belgrano ya los reconocen y algunos incluso se acercan a buscar sus promesas.

 

Pero una historia con un niño los conmovió especialmente.

 

Durante el Mundial, cuando muchos chicos salían con la bandera argentina identificados con el fútbol, una madre les hizo llegar lo que había dicho su hijo:

 

“Había un nene que dijo: ‘Yo no soy del fútbol, yo soy de los Ángeles del Puente’”.

 

Fabián cuenta que existen otras escenas parecidas.

 

“Hay chicos que dicen: ‘Papá, mirá, un Ángel del Puente’, solamente porque tienen la bandera”.

 

Algunos incluso hablan de ellos como “superhéroes”. Para quienes también han recibido críticas por dedicar tantas horas a esta tarea, la mirada de los más pequeños adquiere un significado especial.

 

“Nos sentíamos realmente felices de ver que, de tan chicos, nos imiten. Sabemos lo que estamos haciendo, sabemos a quién servimos”.

 

Las “perlas”: una palabra para llevar

 

Durante los patrullajes hay algo pequeño que ocupa un lugar especial. Las llaman “perlas”: son promesas bíblicas que entregan a quienes encuentran en el camino.

 

Fabián explica que muchas veces les piden que las lean allí mismo.

 

“La persona se da cuenta y dice: ‘Yo estoy pasando esto, esto es lo que necesitaba, Dios me habló a través de esto’”.

 

Una de esas perlas llegó también hasta la Patagonia. Lleva un pasaje de Isaías 40:31:

 

“Pero los que esperan en Dios reciben nueva fuerza, extienden sus alas y se elevan como águilas, corren y no se cansan, caminan y no se quedan atrás”.

 

Un pequeño papel que resume mucho de aquello que intentan transmitir: cuando las fuerzas parecen acabarse, ellos creen que la fe puede ayudar a levantarse y continuar.

 

Arriba del puente: Gonzalo y otra historia de vida

 

La conversación comenzó debajo del General Belgrano y después llegó la invitación a subir.

 

Entre la neblina, mientras el patrullaje continuaba, apareció otra voz: la de Gonzalo. Había recorrido tantas veces ese trayecto que ya había perdido la cuenta. Sol, frío o mal tiempo no modificaban la tarea.

 

“Estamos patrullando el puente, como pueden ver hay mucha neblina, pero igual dándole un servicio a Dios, dispuestos acá a salvar vidas, a contar nuestro testimonio también, lo que Dios hizo en nuestra vida, de dónde Dios nos sacó”.

 

Entonces cuenta su propia historia.

 

“Tuve pensamientos de suicidio también, de quitarme la vida. Estaba muy metido en las drogas, llegué a estar en situación de calle”.

 

Durante mucho tiempo creyó que nunca podría abandonar las drogas.

 

“Pensaba que nunca iba a dejar. Y me di cuenta de que sí se puede, con fuerza de voluntad y con la ayuda de Dios”.

 

Su testimonio explica también desde qué lugar se acerca hoy a quienes atraviesan situaciones difíciles.

 

“Gracias a Dios hoy puedo estar acá, patrullando, contando mi testimonio, animándole a otra persona que se puede salir, que se puede salir de todo eso”.

 

Mientras gran parte de la ciudad descansa, ellos continúan caminando.

 

“Cuando muchas personas ahora están durmiendo, nosotros estamos acá patrullando el puente, con neblina, contando nuestra historia”.

 

“Que se acerquen, que traten de buscar de Dios”

 

El mensaje de Gonzalo no está dirigido únicamente a quien llega físicamente hasta el General Belgrano.

 

Habla para quien está atravesando una adicción, para quien vive en la calle, para quien enfrenta un problema familiar, para quien se siente solo y para aquel que atraviesa una situación que cree imposible de superar. Su mensaje es que hable, que busque ayuda y que no cargue en silencio con todo aquello que le está pasando.

 

Desde su propia experiencia también invita a acercarse a Dios.

 

Para Gonzalo, lo que encontró en la iglesia no fue solamente un lugar donde ser escuchado, sino la posibilidad de transformar lo vivido en una forma de ayudar a otros.

 

Antes de finalizar, agradece que su testimonio pueda recorrer muchos kilómetros y llegar hasta la cordillera patagónica:

 

“Muchas gracias también por estar siguiéndonos, por llevar hasta allá esto, lo que es el puente acá en Corrientes”.

 

Tal vez Gonzalo no imaginaba hasta dónde podían viajar esas palabras.

 

Del General Belgrano a nuestra Patagonia

 

El puente está a miles de kilómetros de nuestra cordillera, pero los momentos difíciles no conocen distancias.

 

Puede necesitar ser escuchado alguien en Corrientes y también alguien acá, en Esquel, en plena cordillera patagónica, o en cualquier lugar desde donde esté leyendo esta historia.

 

Puede ser el tuyo, el mío, el de un amigo o el de alguien de nuestra familia. Porque muchas veces no sabemos qué batalla está atravesando la persona que tenemos al lado.

 

Quizás allí esté una de las partes más profundas de esta historia: Fabián y Gonzalo no hablan del dolor desde afuera. Los dos conocieron sus propios infiernos. Las adicciones, la tristeza, la calle y los momentos en los que parecía no existir una salida formaron parte de sus vidas. Hoy aquello que pudo haberlos destruido se convirtió en una herramienta para reconocer el sufrimiento de otro y tenderle una mano.

 

Fabián lo resume desde su propia experiencia:

 

“No todo está perdido. Es un proceso, pero con Dios se puede”.

 

Al terminar la entrevista quedó una certeza: aun en los momentos más difíciles puede haber alguien dispuesto a escuchar, conversar, abrazar y acompañar.

 

Desde aquel puente en Corrientes, esta historia llega hasta nuestra cordillera patagónica con un mensaje sencillo, pero enorme: la vida vale la pena y mientras haya vida, hay esperanza.

 

Para Fabián, Gonzalo y los cientos de Ángeles que continúan patrullando, detrás de cada bandera, cada palabra, cada perla y cada oración existe una certeza que sostiene todo lo demás:

 

Dios no nos olvida.

 

Puentes de comunicación

 

El General Belgrano une dos provincias, pero hoy existen otros puentes capaces de atravesar miles de kilómetros.

 

Quienes estén pasando un momento difícil, necesiten conversar o quieran pedir una oración pueden comunicarse con Ángeles del Puente a través de sus canales:

 

Facebook: Ángeles del Puente – página oficial
Instagram: @angeles.del.puente.oficial
WhatsApp: +54 9 379 401-8700
Correo: angelesdelpuente@gmail.com

 

A veces, el primer paso puede ser simplemente animarse a decir: “Necesito hablar con alguien”.

 

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