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02 de Marzo de 2016
opinion |

La “vuelta” al mundo en 80 días. Los riesgos de aceptar el discurso oficial

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Mucho se ha intentado instalar, a través de los medios de comunicación, que el gobierno de Néstor Kirchner y Cristina de Kirchner “ha divorciado a los argentinos del resto del mundo”, acusándolos de practicar una política exterior aislacionista.

 

En este sentido muchos han celebrado, estar en Davos, las declaraciones del nuevo presidente que indican que se aceptará nuevamente las recomendaciones del FMI, la visita de Barack Obama, entre otras, haciendo referencia a que estamos “volviendo al mundo” luego de 12 años de aislamiento.

 

El problema de este discurso, además de ser una falacia, es que implica justificar el cambio de rumbo de la política exterior Argentina, por un lado desconociendo fuertemente los aliados estratégicos de la Argentina en estos años y los logros conseguidos en materia de política exterior, y por otro asegurando una vuelta a relaciones desiguales que no hacen más que incrementar nuestro subdesarrollo y dependencia, bajo un manto retórico que esconda las consecuencias negativas derivadas de esta “nueva” manera de insertarnos en el mundo.

 

En primer lugar, tenemos que hacer referencia a la política exterior de los países como la consecuencia directa del modelo de desarrollo económico que se implementa al interior de estos. En pocas palabras la forma de inserción internacional que los países realizan tiene que ver con la intención de consolidar el modelo político-institucional y económico social que se establece a nivel doméstico.

 

La política exterior de la Argentina desde 1983 se ha construido sobre la base de dos tendencias claras, autonomistas o dependientitas. Los primeros han priorizado la región y los países de similares recursos y valores, buscando tomar distancia de las potencias hegemónicas, como parte de su estrategia de independencia. Los segundos han priorizado la relación con las potencias, llevando a cabo una subordinación autoimpuesta, relegando los intereses nacionales con el fin de no entrometerse y ser funcional a los objetivos de las grandes potencias.

 

Para comprender los lazos que priorizó el kirchnerismo en doce años de gobierno debemos comprender que el modelo de desarrollo económico se basó fundamentalmente en la recuperación del rol del Estado como promotor del desarrollo y la distribución social, se impulsó la re-industrialización, la modernización y la ampliación de la infraestructura, la capacidad productiva nacional, con el mercado interno como pilar fundamental.

 

Claramente para lograr este cometido, basar la economía en la industrialización y garantizar a los productos nacionales altas cuotas de mercado doméstico, el gobierno debía establecer una estrategia de política exterior que garantice autonomía e independencia.

 

Autonomía e independencia no son sinónimos de aislacionismo, técnicamente para obtener cierto grado de viabilidad los proyectos autonomistas deben basarse claramente en estrategias que desarrollen alianzas duraderas con distintos centros de poder alternativos a las grandes potencias.

 

En este sentido el gobierno mientras se alejaba de los mandatos del FMI y el BM, se distanciaba y dejaba de lado las “relaciones carnales con los EEUU” se acercaba a la región latinoamericana, dinamizaba y creaba bloques regionales, priorizaba estrategias de cooperación sur-sur y diversificaba los destinos de exportación, como parte de un sinfín de medidas motivadas a generar márgenes de maniobra.

 

En este sentido vimos articular políticas de cooperación con Brasil, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Paraguay y Cuba, fortalecer el MERCOSUR, fundar UNASUR y CELAC, además de establecer alianzas extraregionales fundamentales para lograr margen de maniobra con los BRICS, sobre todo con Rusia y China.

 

A modo de ejemplo voy a tomar solo uno de los tantos triunfos en materia de política exterior, que considero que es paradigmático ya que se ve claramente la necesidad del actual gobierno de destruir, además de desenmascararse su perfil dependientista y subordinado a las grandes potencias occidentales.

 

El posicionamiento de Argentina contra los fondos buitres logro en septiembre de 2015 un apoyo fundamental en la ONU, ésta aprobó una resolución donde se establecen nueve puntos básicos para las renegociaciones de deuda. Esto se sumó a otro logro conseguido un año antes al haber logrado el posicionamiento del G-77 más China, de poner un límite al accionar de los Fondos Buitres.

 

Este fue el fin de años de lucha contra fondos de capital especulativos, que prestan dinero a países con graves problemas financieros a cambio de ganancias extraordinarias, chantajes, y ni que hablar el hambre de sus pueblos.

 

Es por esto que es grave hablar de aislacionismo sin considerar que es una falacia ya que desconocemos las alianzas establecidas y los triunfos logrados por la gestión anterior (no nos olvidemos que estamos ante el inminente acuerdo con los Buitres), pero muchos más grave es creer que “volvemos al mundo”. Si no estuvimos aislados quiere decir que “volver al mundo” significa solo a una parte de él. Por lo tanto, no hay que enorgullecerse de tal situación sin antes saber quiénes serán los principales benefactores de esta situación.

 

Como se dijo anteriormente la política exterior es una parte inherente al modelo de desarrollo interno que se intenta implementar. Para comprender el interés que existe detrás de este nuevo gobierno y su nueva política exterior, que nos ha “devuelto la normalidad” y “nos pondrá a jugar en las grandes ligas de la mano de EEUU, Francia, y Alemania”, es necesario comprender cuál es la relación que se establece entre los sectores económicos locales e internacionales, que se benefician fuertemente de un intercambio desigual e injusto.

 

Históricamente el mundo se dividió entre productores de alimentos y de manufacturas. Los primeros han sido subdesarrollados o en vía de desarrollo y los segundos se han desarrollados. Las oligarquías locales, claramente latifundistas se han beneficiado de esta división internacional del trabajo en consonancia con los industriales extranjeros.

 

En este sentido el objetivo del gobierno es volver a poner a Argentina en el mundo como exportadora de alimentos e importadora de manufacturas y de esta manera beneficiar al sector agrario local y el sector industrial y financiero internacional representado por los países como EEUU, Francia, Inglaterra y Alemania, entre otros.

 

No hay país en el mundo que se haya desarrollado sin apostar a su industria, en otras palabras, la implementación de un plan económico que vuelva a sobrevalorar lo primario por sobre lo manufacturado terminara condenándonos al subdesarrollo y la dependencia a las potencias.

 

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