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02 de Enero de 2017
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Ludopatía, la peligrosa adicción al juego

La semana pasada fui un rato al casino a probar suerte. Me senté en una de las máquinas tragamonedas y no pude evitar ver hacia ambos lados y descubrir gente que ponía los billetes de cien pesos como si fuera un cajero automático, pero a la inversa. Una mujer acariciaba la pantalla y al notar que la observaba me dijo “hay que tratarla con amor porque si no, no da nada”. Al otro lado, una mujer añosa apagaba la colilla del cigarrillo en un cenicero que apenas podía retener un poco de ceniza de lo lleno que estaba, poniendo su último billete, según ella. La próxima hora, colocó unas quince veces más dinero en la misma máquina. ¿Es una sana obsesión, o están enfermas? Para poder responderlo debemos conocer a que se refiere el término ludopatía. El juego en general es algo normal y deseable, pero cuando se constituye en adicción se convierte en enfermedad, y es ella la llamada ludopatía. Hay ludópatas que hayan placer en el hecho de jugar, otros afirman ser unos expertos en los trucos del azar y que son capaces de detectar cuándo la maquina “está caliente” y se dispone a dar premios cuantiosos. Algunos ludópatas se excusan asegurando que jugar les libera de las tensiones diarias, que los divierte y los distrae. Lo primero es reconocer el problema. Casi siempre son situaciones que se prolongan en el tiempo, porque el jugador patológico raramente reconoce serlo. Muestra tendencia a mentir incluso a los seres más próximos, a endeudarse para saldar deudas de juego y así poder jugar nuevamente para eliminar la nueva deuda contraída, aunque manifiesta que todo se solucionará enseguida, cuando llegue la “buena racha”. Minimizan su problema manifestando (como lo hacen otros adictos, por ejemplo, al alcohol) “esto lo dejo cuando yo quiera”. Con frecuencia, la ludopatía es una adicción que se presenta asociada a otras: alcohol, tabaco, medicamentos o drogas ilegales. Quienes diseñaron los programas de las máquinas tragamonedas conocen los mecanismos del comportamiento humano. Refuerzan de tal manera la conducta que quienes padecen alguna debilidad anterior fácilmente corren el riesgo de convertirse en adictos a ese juego y a otros. Los tragamonedas devuelven al jugador un porcentaje fijo del dinero captado. Pero sepamos que, si se juega de forma continuada, se pierde siempre. ¿Qué hacer ante la ludopatía? La familia puede solicitar la prohibición de que entren a ciertos lugares de juego. Si existen indicios razonables de juego patológico, sugiero acudir a profesionales especializados y psicoterapeutas. Normalmente, un ludópata no puede dejar de jugar sin recibir ayuda, por mucha fuerza de voluntad que tenga. La familia debe entender que se trata de una enfermedad y asumir la responsabilidad de acompañar y ayudar al paciente en el proceso de deshabituación. Para prevenirla: a mi juicio es importante que los hijos no oigan frecuentemente que una lotería o un juego solucionaría nuestras vidas. Deben saber desde muy pequeños que con los juegos de azar siempre se acaba perdiendo.

 

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