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13 de Marzo de 2022
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Oberdán Rocamora

La Doctora tiene más destruido el gobierno que el despacho

Una nueva entrega de la columna de opinión de Jorge Asís.

El peronismo mantiene la creatividad para producir los despelotes más originales. Su lideresa, La Doctora tiene el gobierno tan destruido como su despacho. La penúltima invención culmina con los piedrazos de la izquierda rabiosamente adherida al presupuesto. «Como la hierba» (bolero).

 

Cuando no sabe qué decir, La Doctora adopta la táctica del silencio. “Que aturde”, dice el inspirado Larroque, El Cuervo de Poe. Puntal de La (Agencia de Colocaciones) Cámpora. Compacta “orga” de circuito cerrado y sostén de La Lideresa apedreada que no reconoce los efectos perjudiciales de sus productos.

 

De los errores selectivos en materia de designaciones. Siempre le pifia. Como con los nombres que ingeniosamente escogió para desalojar del poder a Mauricio Macri, El Ángel Exterminador. A La Lideresa le fue mal con el tuit afortunado que instaló en la presidencia a Alberto Fernández, Otálora.

 

Como le pifió en la provincia del pecado con el experimento transparente del gobernador Axel Kicillof, El Gótico. 

 

Cuesta aceptar que también la pifió con Máximo, El Influencer. Estimulado como titular casi compulsivo del peronismo de Buenos Aires. Idea en principio funcional de Martín Insaurralde, El Jéssico, interventor del Gótico.
Entre los escombros. el kirchnerismo en retirada se dispone a guarecerse en la provincia del pecado.

 

 

 

El regreso del Fondo Pródigo

 

 

Después de dos años de ideología menos alborotada, Máximo se dio cuenta que correspondía radicalizarse para arrugar. Acordar con el Fondo Monetario Internacional era la manera indigna de traicionar el legado de Néstor, El Furia. “Tarde me di cuenta que al final…”, confirma Tarde (tango).

 

Con argumentos ligeramente coheteriles, redactaron en la Agencia una crítica literaria sobre la ficción presentada al Congreso por el estadista legitimado por el tuit. Autoría del ministro Martín Guzmán, El Chapito.
Fatigador de talleres literarios bilaterales con La Doctora. Té de jengibre incluido, en El Calafate.

 

Pero La Lideresa ya sabe que Guzmán, un transgresor osado, le mintió. Como se la mandó cambiada a Máximo. Ambos saben que Guzmán logró conducirlo a Alberto. Lo llevaba de la mano como a un niño hacia el colegio.

 

Pero cuando Máximo desató el paquete, comprobó que el acuerdo con el Fondo pródigo, que proponían Guzmán y Alberto, desmoronaba la épica de sus fabulaciones.

 

 

 

“Esto no lo puedo defender”, dijo. Optó entonces por el heroico arrugue de barrera. Por la atractiva facilidad de no hacerse cargo. Anotados siempre en la ventanilla para cobrar por los méritos. Y borrarse a la hora nada sublime de pagar las cuentas.

 

Presentes para los aplausos y los abrazos. Ausentes para el recuento de daños involuntarios. Correspondía indignarse. En pleno control del naufragio, La Lideresa produjo la filmación del despacho destruido como el gobierno que aún preside Alberto.

 

Para proclamar la verdad irrisoria: en los dos ciclos presidenciales lo tuvo afuera al FMI. Lejos. El germen del mal lo había sembrado Macri. Cuando se apagaba el jubileo de los créditos a la bartola y Caputo, El Yuppie, ya no conseguía monedas para derrochar en las alcantarillas subterráneas.

 

El Ángel recurrió a los encantos de la diplomacia presidencial para cautivar a la señora Christine Lagarde, Madame Bovary. Aventura seductora que tuvo la estricta colaboración del ministro Nicolás Dujovne, El Youtuber.
Pero sobre todo de Donald Trump, The Fire Dog. Transformado en financista electoral del Ángel por alucinaciones geopolíticas.

 

Humillado a billetazos por El Furia, el Fondo pródigo regresó triunfalmente para socorrer a Macri. Para perforar también el ciclo de Alberto. Un proceso digno de ser novelado por Kafka.

 

 

"El proceso" Kafka.

 

 

El otorgamiento del crédito para que triunfara Macri en las elecciones que iba a perder. Para producir el advenimiento de Alberto que no puede hacerse cargo del crédito oportunamente tomado para vencerlo.

 

Deuda concebida para que gane Macri (que perdió). Pero que debe pagar Alberto (el que ganó) por el cuento de la continuidad jurídica del Estado.

 

Y al no poder pagarlo Alberto estalla para facilitar el regreso de Macri que viene por la revancha.

 

Pero la plaza ya está ocupada por Horacio Rodríguez Larreta, Geniol. Candidato natural del establecimiento que resiste al Ángel Exterminador.

 

“El Proceso” adquirió una magnitud protagónica. Novela emancipada de los personajes que adquiere su propia dinámica.

 

Alberto y El Chapito se excitaron durante dos años con el arte de renegociar. Financiar, procrastinar, pedalear la deuda indomable. Con desplazamientos multiplicados por los países de tarjeta postal que cuentan. Personalidades relevantes los consolaban con palmadas solidarias. Y sugerencias amigables.

 

“Arreglen con el Fondo y no jodan más”.

 

CUANDO LOS ADVERSARIOS PERDONAN LA VIDA

 

Con el amparo de la epidemia como pretexto, La Lideresa admitió que Otálora dilapide dos años de sex webcam.

 

Mientras tanto Guzmán diseñaba volutas de humo que servían para acumular millas y preparar la valiente reacción de los emuladores de Chacho Álvarez.

 

Por suerte el diezmado gobierno de La Doctora (que aún preside Alberto) es transitoriamente rescatado por los adversarios que le perdonan la vida. En defensa propia. Lo autorizan para lo que ni siquiera necesita. El derecho constitucional de tramitar financiamientos.

 

 

 

La grandeza que no tuvieron cuando gobernaron como Cambiemos la conquistan como Juntos cuando son opositores. Providencialmente ayudan a atenuar los efectos que en su momento generaron. Y evitan que prematuramente se estrelle La Doctora. Junto a Otálora.

 

Pero los capítulos ahora están mezclados. Los personajes enredados se intercambian. Los opositores son aliados del oficialismo y los compactos de La Agencia se sumergen en la adolescencia anticapitalista que Kafka contempla con desorientación.

 

FINAL CON EL PENSADOR DE PABLO

 

Alberto respira gracias al adversario que le clavó la deuda.

 

Y a la paciencia eficaz de dos funcionarios que conducen lo que queda de la balsa a la deriva.

 

Sergio Massa, El Conductor, presidente de la pajarera de los Diputados.

 

Y el Premier Juan Manzur, El Menemcito, que de repente apareció acompañado de 16 gobernadores ilusionados.

 

Son racionales con territorios que esperan que la balsa se acomode en alguna playa. Cerca de algún puerto.

 

La Doctora y El Influencer tampoco se destacan como oficialistas y probablemente alcancen grandeza otra vez como opositores.

 

Razonamiento que complementa la sentencia clásica del pensador contemporáneo Juan Carlos de Pablo: “En la Argentina el que gana se jode”.

 

Es verdad, Maestro, “se jode”.

 

Pero con el consuelo de explotar las cajas más espirituales.

 

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