Por Lelia Castro
La historia de Lío no solo es la de un niño que ama el fútbol, sino también la de un milagro de la vida. Su mamá, Jésica Gajardo, cuenta que después de cinco largos años de tratamientos y buscando quedar embarazada sin obtener resultados, un día al hacerse un control de rutina recibió la noticia de que estaba esperando un hijo. Ella no podía creerlo, hasta que vio la ecografía y supo que Lío estaba en perfecto estado.
“Cuando me enteré que estaba embarazada, estaba de 23 semanas, serían unos 6 meses más o menos. Fue entre grito y llanto de mi doctora y yo no sabía qué hacer. No caía que estaba embarazada, no podía sentirlo directamente, porque era un bloqueo mental lo que tenía. Así que hasta no ver la ecografía y ver que Lío estaba sano, en perfecto estado, no explotó la panza”.
Con todos los pronósticos en contra, que no iba a poder quedar embarazada, el destino hizo que pese a los tratamientos frustrados, Jésica quede embarazada de forma natural. Por lo que recomienda a todas las mujeres que están en la búsqueda que no pierdan las esperanzas y busquen una segunda opinión, que es posible.
La relación de Lío con el fútbol está signada por todos lados. Más allá de la cuestión genética, ya que sus padres son fanáticos, nació el 4 de julio de 2014, en pleno mundial de Brasil y les dieron el alta el día que Argentina jugaba la final y perdió.
Su pasión por el fútbol es algo que lleva en la sangre, y que comparte con su papá, Enrique Sosa, quien también es un fanático del deporte y estudió educación física, aunque debido a un accidente no logró recibirse. Su mamá no se queda atrás, a ella también le gusta mucho el fútbol, “acompaño en los partidos, me gusta ver partidos, soy compañera de cancha”.
“Yo jugaba con un globo cuando era chiquitito, y mi papá un día me preguntó si quería jugar al fútbol o hacer algún otro deporte, y yo le dije que quería jugar al fútbol, donde juega mi ídolo Messi. Ahí empecé evolucionando, jugando al fútbol. Me preparaba mi papá y nos íbamos los domingos o los feriados, o cuando él tenía franco, nos íbamos a la mañana a la cancha”, cuenta Lío.
Ni bien aprendió a caminar ya empezó a demostrar su amor por la pelota, pateando todo lo que se cruzaba en su camino, desde pelotas saltarinas, globos y hasta cajas, “de ese tiempo que va a la cancha de Cacho, a la cancha del Molino, que va y patea”. Por lo tanto, comenzaron a buscar un club donde lo aceptaran con su corta edad. Sus padres buscaban un lugar donde Lío pudiera desarrollarse en el fútbol, compartir y tener amigos, y eso lo encontraron en el club Belgrano.
“Entonces el profe le dijo que vaya a una clase de prueba a ver si se adapta, si le gusta, si hace caso porque al ser tan chiquito por ahí es medio rebelde, pero no, impecable Lío. Desde los 3 años que está en Belgrano hasta ahora”.
Donde se encuentre, mientras que haya una pelota, él se hace amigos. Irradia una alegría inmensa, su mamá cuenta que va por la calle y todo el mundo lo conoce y lo saluda, él aunque no sepa quién es responde alegremente. En cuanto a lo que provoca en sus padres al ver a su hijo crecer y ser “una personalidad conocida” en la ciudad, Jésica dice que siente
“Primero, un orgullo enorme, lo más lindo. Segundo, que perdimos el nombre: ya no somos Jésica y Enrique, somos el papá y la mamá de Lío, ya nos conocen así, ya somos así. Vas con él por la calle y todo el mundo lo conoce, todo el mundo lo saluda, por más que no los reconozca él saluda igual. Es conocido. Vas con una pelota y hacés amigos donde sea”.
Con una gran ilusión, viajó dos veces a Buenos Aires a probarse: la primera vez en Quilmes, donde terminó entrenando por zoom debido a la pandemia, y luego en el club del que son fanáticos: Independiente de Avellaneda, donde había quedado seleccionado pero tuvo que volver a Esquel. Aún mantiene contacto con su profe Víctor de Quilmes, quien siempre lo llama o le manda mensajes.
“Empecé en Quilmes por zoom, que era los viernes una o dos horas. El profe era Víctor y yo entrenaba por zoom: tenía que ser un lugar grande, teníamos que correr para que yo entrene”.
Pero Lío no pierde las esperanzas y no escatima en esfuerzos para lograr sus objetivos, sueña con jugar en Independiente cuando sea grande, llegar a las ligas europeas y a la Selección nacional, para poder representar a nuestro país. Si le preguntás qué quiere ser cuando sea grande él no duda en decir futbolista, luego de terminar la escuela, porque tiene muy en claro que primero hay que estudiar.
“Sin escuela no hay fútbol, porque tenés que estudiar bien para ser futbolista. Tengo una hermanita que creo que también le gusta jugar el fútbol. Cuando me ve jugar grita ¡gol! Se pone la camiseta y jugamos juntos”.
Asiste a la escuela N°8 de la ciudad de Esquel, donde dice que le va muy bien en todas las materias, sus favoritas son materias favoritas son matemáticas, gimnasia, música y plástica.
“Me gusta la escuela, varios amigos tengo que juego al fútbol en los recreos. Cuando sea grande me gustaría ser futbolista y jugar en la selección. Yo quiero ser futbolista. Luego de terminar la escuela”.
En el último mundial no se perdió ningún partido de los que jugó Argentina, hasta faltó a la escuela. Relata con lujo de detalles cada uno de los partidos en que jugó la Selección, las jugadas y los jugadores, tanto propios como los de los contrincantes, hasta con el minuto exacto de cada gol. ¡Si esto no es pasión, no sé lo que es! Sufría al igual que cada uno de los argentinos, lloró en la final y fue a festejar al centro, donde se puso a jugar a la ‘mareadita’ en medio de los festejos. Además, conoce muchos de los jugadores destacados de otros países.
“Me sé bastantes banderas, pero la bandera más bonita es la de Argentina. Cuando juegue en algún equipo cuando sea más grande, capaz que me puedo ir a Inglaterra o España, a cualquier lado”.
Ahora, Lío sigue creciendo y disfrutando de cada partido que juega. Además, tiene como referente a Lionel Messi, su jugador favorito, y sueña con seguir sus pasos en el futuro. Para él, el fútbol es algo más que un deporte, es una forma de vida, una pasión que lo llena de alegría y lo hace feliz. Y para su familia, verlo jugar es una fuente de orgullo y emoción, sabiendo que Lío ha logrado lo que se propone gracias a su esfuerzo y dedicación.
Además, tiene el apoyo de toda su familia, quienes lo acompañan en cada partido, desde sus abuelos hasta sus tíos. A quienes tiene siempre presentes, ya que viven en Trelew y les manda especiales saludos.
“Mis abuelos por parte de mi papá son la abuela Marta y el abuelo Raúl. Me han visto jugar en Belgrano. Soy feliz cuando ellos me ven, porque ellos viven en Trelew, me da felicidad que me miren en los partidos. Mis otros abuelos también”
Lío, a sus apenas 8 años, demuestra cada día que persigue sus sueños y se esfuerza para llegar a cumplirlos, dejando una gran reflexión para chicos y adultos. A su corta edad ya tiene muy en claro cuáles son sus objetivos y qué tiene que hacer para lograrlos. Que para todo lo que queramos hacer, hay que entrenar tanto el cuerpo como el intelecto, por supuesto, poniendo el pecho y el alma en todo momento. Para finalizar esta lección de vida, nos dice que
“No se den por vencidos nunca. Que hay que estudiar bastante para cumplir sus sueños, hay que ir a todos los entrenamientos. Hay que entrenar fuerte, en la casa, en todos lados hay que entrenar. Y podés ir a cualquier lado, que persigan sus sueños”.
Para conocer más sobre la historia de Lionel y sus entrenamientos, pueden buscarlo en las diferentes redes sociales: en Youtube como “Lionel Sosa Esquel”, en Instagram como “lionelsosa2014” y en TikTok es “yo.soy.lionel“, no dejen de visitarlo y dejarle un corazoncito.