¿Quién soy yo para decir que a veces decimos “no puedo” cuando en realidad es un “no quiero”?
Pero, como dice el Dr. Hawkins, “si te apuntaran con un arma a la cabeza, seguirías respondiendo ‘no puedo’ o lo harías de cualquiera manera?”
¿Cuántas veces nos decimos a nosotros mismos “esto no puedo,” “no soy capaz de hacerlo,” “no me sale”?… Tantas cosas que nos decimos cuando, en el fondo, es un “no quiero.”
Y usamos el “no puedo” porque así nos eximimos de la responsabilidad.
¿Responsabilidad de qué, Grego?
Es simple: si decís “no puedo,” le echás la culpa a algo externo a vos.
Tus capacidades, tu cuerpo, tu mentalidad, tu familia, el gobierno… ¿cuántas excusas más podés inventar?
En cambio, un “no quiero” implica asumir la responsabilidad. Y muchas veces odiamos hacerlo porque eso significa que está en nuestras manos.
Además, el “no quiero” esconde otra capa más profunda. (Me gusta ir a lo profundo de mí mismo, sin vueltas, y quiero invitarte a hacer lo mismo).
El “no quiero” puede esconder miedo, temor al fracaso, al qué dirán, o “y si quedo como un tarado/a…”
Y ya sé lo que podés pensar también.
“Naaa, sos un exagerado, la gente que vive en condiciones deplorables no tiene chance, no vengas con la historia del superhéroe del hombre que se hace a sí mismo, porque no todos tienen los mismos recursos, oportunidades, etc., etc.”
Y te quiero decir algo: ya conozco esa respuesta y de hecho LA COMPARTO.
Comparto que muchas veces las personas OBJETIVAMENTE NO PUEDEN. En este texto no me enfoco en las personas cuyas condiciones materiales y objetivas parecen superponerse a todo intento humano por salir adelante.
Me refiero a las personas que NO ESTÁN EN ESAS CONDICIONES, sino a personas como vos que están leyendo esta nota.
Les estoy hablando a las personas que ya tienen lo suficiente como para moverse, no a los que no tienen absolutamente nada.
A los que en la propia pirámide de Maslow, sus necesidades biológicas y de seguridad, están cubiertas.
(Ahora que ya estás más relajado, podés seguir leyendo)
Entonces, me refiero a los que su mentalidad no les deja dar el primer paso. Muchas veces nuestras propias creencias limitantes nos paralizan más que las condiciones materiales en las que nos encontramos.
Además, aunque las circunstancias objetivas puedan ser muy difíciles, siempre hay algo por cambiar o por hacer... Y muchas veces, nuestra mentalidad es lo único que nos está dejando en total inacción.
Yo siempre trato de buscar ese punto de quiebre para transformar la realidad de la persona. Uno no elige las cartas que le tocan, pero sí elige cómo jugarlas...
Ahora, todo muy lindo pero… ¿Cómo cambiar el 95% de los ‘NO PUEDO’ en oportunidades de acción que te muestren lo que realmente podés alcanzar?
Reconocé tus excusas: Hacé una lista de todas las cosas que en este momento de tu vida estás diciéndote que “no podés” hacer. Luego, revisá cada una y preguntate: “¿Realmente no puedo, o simplemente no quiero asumir el desafío?” Date el tiempo suficiente para encontrar la respuesta.
Preguntate “¿Qué me impide físicamente hacer esto, o empezar esto, o darle pie a esto en mi vida?” “Es un impedimento real y objetivo?”
Preguntate el por qué de tus no quiero: Si luego de lo anterior, te das cuenta de que en realidad podés hacer X cosa, pero que igualmente “no querés,” cuestionate: “¿Qué hay detrás de este no querer hacerlo? ¿Es miedo a lo que pueda pasar? ¿Qué es lo que realmente me frena?” Escribí tus respuestas.
Es importante esto porque muchas veces uno dice también “no quiero” pero en realidad sí lo quiere, sólo que le da miedo fracasar, el qué dirán, que las cosas salgan mal… y todo eso queda escondido detrás del “no quiero”, cuando en realidad lo que no quiero es tener malestar, malas experiencias (Es completamente sano que te pase esto. Pero acá es donde tenés que elegir en función de qué tan valioso es para tu vida lograr eso, y si estás dispuesto/a a sobreponerte a los miedos más profundos que te invaden o bloquean).
Transformá el diálogo interno: Cambiá tus “no puedo” por “no quiero” y observá cómo cambia tu perspectiva. En lugar de decir “no puedo hacer ejercicio,” decí “no quiero hacer ejercicio porque me siento cansado.” Esto te ayuda a ver la elección que tenés y a tomar acción si estás comprometido/a con cambiar algo. (Obviamente hacelo si ves que el “No puedo es mentira”, lo cual es bastante probable).
Y para finalizar: ¿Se trata esto de auto-castigarse o flagelarse porque simplemente “no quiero”?
RADICALMENTE NO.
Se trata de ser completamente honesto/a con uno mismo, de reconocer lo que realmente querés y dejar de contarte historias que no son.
Vas a ser mucho más feliz diciendo “no quiero X cosa” que vivir escondido detrás del “no puedo,” cuando en realidad, lo cierto es que simplemente no querés o no estás dispuesto/a a hacer el esfuerzo necesario… y está perfecto así, no tenés por qué quererlo; pero tampoco tenés por qué engañarte.
Lo clave aquí es el nivel de autenticidad con el que vivís tu vida y lo capaz que sos de asumir tu propia responsabilidad por las decisiones que tomás.
Eso, en definitiva, es lo que realmente transforma tu vida.
Obvio, aplicalo con conciencia, pero hacelo en las cosas que realmente sientas que te están limitando en tu crecimiento en la vida.