Son las tres de la tarde y Clara entra con Inesita a la casa de su abuela. Desde el comedor escuchan los ronquidos como si fuese un bandoneón. En puntas de pié llegan hasta el cuarto y Clara se queda con la boca abierta, la abuela está desparramada en la cama.
Es el vino, le dice Inesita al oído.
¿Y la Mataco?, pregunta Clara.
Shhh… seguime, le dice Inesita.
Desde el pasillo escuchan la radio. Cuando llegan a la piecita, la puerta está entreabierta.
¿Y la Mataco?, de nuevo insiste Clara que se adelanta y entra. Se para en el medio y la recorre con la mirada.
Mirá la manta, parece la cucha de mi Bobby, dice. Se agacha y con la punta de sus dedos la abre, ¡qué asco! y la suelta.
¿Dónde está?, se pregunta Inesita. Ah, vamos al galpón.
Y no, esperá. Quiero ver.
Vamos, le insiste Inesita que la agarra del brazo y la tironea.
No, esperá. Abre la puerta del ropero, mete su cabeza y saca un plato con un pedazo de carne y pan. Y ¡qué inmunda!, es peor que mi Bobby.
Juntas atraviesan el patio cuando escuchan los gritos que salen de adentro del galpón.
Salí, endemoniado. Salí, hijo el diablo.
Clara empuja a Inesita, y las dos espían por uno de los agujeros de las chapas.
El suelo está cubierto con papel de diario. La Mataco está en cuclillas, y su pollera campana le tapa hasta los pies. Se lleva a la boca un pedazo de rama que aprieta con los dientes, y grita.
Salí, salí hijo e puta.
Inesita se pone blanca. Clara quiere ver más, corre hasta la ventana, abre grande los ojos, no pestañea, y el corazón le zapatea.
La Mataco las descubrió.
¿Qué hace ahí, maula?
Clara quiere escaparse, pero la voz de la Mataco la detiene
Maula, venga.
Inesita se queda parada como un poste, Clara la zamarrea, y vamos, le dice mientras la tironea.
No, mi abuela me va a matar, y corre hacia la casa.
Vamos, le dice. Y se mete en el galpón.
Clara tiembla frente a la Mataco.
Vení, qué hacés ahí. Agarrá a este guacho, le dice, mientras lo envuelve.
Clara con la punta de los dedos desliza la manta, y se queda con la boca abierta…