A partir de hoy, el mercado de tecnología en Argentina abre una nueva etapa con la eliminación total de los derechos de importación para celulares. La medida, que completa el camino iniciado por el Decreto 333, deja atrás el arancel que hasta ayer era del 8% y que hace menos de un año alcanzaba el 16%. El Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, celebró la noticia bajo la premisa de que menos impuestos significan mejores precios para todos, aunque el traslado a la góndola no será tan lineal como esperan los consumidores.
El gran protagonista de esta historia es el llamado "cisne negro" de la Inteligencia Artificial, un evento impredecible que amenaza con comerse el beneficio impositivo. Resulta que la fiebre mundial por la IA ha generado una demanda voraz de memorias RAM y chips de almacenamiento, lo que disparó los costos de fabricación a nivel global. De la misma forma que la minería de criptomonedas dejó al mundo sin placas de video hace unos años, hoy la IA encarece los componentes de cada teléfono. Así, el ahorro del 8% que se gana por el lado del arancel se termina perdiendo por la suba del costo de reposición en dólares, dejando un sabor agridulce en quienes esperaban descuentos agresivos.
Desde el sector comercial, voces como las de Maximstore y MacStation explican que en los segmentos de alta gama, como el iPhone 17, los precios ya venían reflejando esta baja de manera anticipada. Las empresas aseguran que el costo de los ocho puntos de arancel se traslada directo al precio final, pero advierten que la dinámica del mercado ya hizo gran parte del ajuste debido a la fuerte caída del consumo durante el último año. Hoy el imán para el comprador no es solo el precio de lista, sino la reaparición de las cuotas y la financiación, impulsadas por la reciente baja de las tasas de interés.
Por el lado de la industria radicada en Tierra del Fuego, el clima es de cautela pero no de derrota. Las fábricas locales defienden su competitividad argumentando que producir en la isla sigue siendo conveniente gracias a la eliminación de impuestos internos y a las mejoras logísticas, como el uso de bitrenes. Sin embargo, los industriales alertan que el enemigo real no es el importador legal que ahora paga arancel cero, sino el contrabando. Con uno de cada tres celulares entrando al país por canales informales, la producción nacional y el comercio oficial enfrentan una competencia desleal que el fin de un impuesto difícilmente pueda solucionar por sí solo.
Mientras los mostradores se acomodan a la nueva realidad, el frente laboral muestra las cicatrices de la recesión. Con el vencimiento de acuerdos de estabilidad y la demanda todavía fría, la industria ya registra bajas en los contratos temporales. El éxito de esta apertura dependerá de si la mayor oferta y la competencia logran finalmente ganarle la pulseada a los costos internacionales y al mercado negro, en un país que sigue siendo uno de los mayores consumidores de tecnología de la región pero que ahora debe lidiar con las reglas de juego de un mundo obsesionado con la IA.
E.B.W.