Cada 24 de enero, la comunidad global se une para celebrar el Día Internacional de la Educación, una fecha proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas con el fin de destacar el papel fundamental que el aprendizaje desempeña en la paz y el desarrollo.
Lejos de ser solo una efeméride institucional, este día busca sensibilizar sobre una realidad crítica: la educación es el cimiento sobre el cual se construyen los demás derechos humanos. Sin una educación equitativa, inclusiva y de calidad, los países no pueden lograr la igualdad de género ni romper el ciclo de pobreza que deja atrás a millones de niños y adultos.
Los desafíos del siglo XXI
En el contexto actual, la conmemoración pone el foco en la necesidad de transformar los sistemas educativos para adaptarlos a las nuevas realidades. La brecha digital, exacerbada en los últimos años, ha demostrado que el acceso a la tecnología es hoy un requisito indispensable para garantizar la continuidad pedagógica.
Además, la UNESCO y otros organismos internacionales subrayan que la educación no debe limitarse a la formación académica, sino que debe fomentar valores de ciudadanía global que ayuden a mitigar los discursos de odio y el cambio climático.
La educación como derecho, no como privilegio
A pesar de los avances, las estadísticas globales siguen siendo alarmantes: cientos de millones de niños y jóvenes en todo el mundo aún no asisten a la escuela o carecen de los conocimientos básicos de lectura y aritmética.
Este 24 de enero, el mensaje es claro: invertir en las personas es priorizar la educación. Se trata de un compromiso colectivo que requiere la acción coordinada de gobiernos, instituciones y la sociedad civil para asegurar que el aprendizaje sea, verdaderamente, un derecho universal y no un privilegio para pocos.
F.P