Un equipo de arqueólogos ha identificado en una cueva de Indonesia lo que podría ser la obra de arte rupestre más antigua jamás registrada en el mundo. Se trata de la silueta de una mano humana, plasmada en las paredes de caliza de las cuevas de Maros-Pangkep, en la isla de Sulawesi. Según las dataciones más recientes obtenidas mediante técnicas láser de alta precisión, esta manifestación artística tiene una antigüedad mínima de 67.800 años, un dato que desplaza cronológicamente a cualquier otra muestra de arte figurativo o simbólico conocida hasta la fecha.
El hallazgo desafía la narrativa tradicional de la arqueología, que durante décadas situó el nacimiento del pensamiento simbólico y la creatividad artística principalmente en Europa. Este nuevo registro en el Sudeste Asiático demuestra que los primeros seres humanos modernos ya poseían una capacidad técnica y conceptual avanzada para representar su realidad mucho antes de lo que se estimaba. La técnica utilizada para crear la imagen consistía en colocar la mano sobre la piedra y soplar pigmento —generalmente ocre rojo— sobre ella, dejando una "huella en negativo" que ha resistido el paso de milenios gracias a las condiciones particulares de la cueva.
Para determinar la edad exacta de la pintura, los científicos emplearon un método de datación por series de uranio asistido por láser, analizando las diminutas capas de carbonato de calcio que se formaron sobre el pigmento a lo largo del tiempo. Este proceso permite medir la edad de la "costra" mineral que cubre el arte, lo que significa que la pintura original podría ser incluso más antigua que los 67.800 años detectados por el equipo de investigación.
La importancia de este descubrimiento radica en lo que revela sobre la mente de nuestros ancestros. La creación de una huella de mano no es solo un acto mecánico, sino una forma de autoafirmación y comunicación simbólica que marca un hito en la evolución cognitiva de la especie. Los expertos señalan que este hallazgo sugiere que el arte no surgió de manera aislada en un solo lugar, sino que probablemente fue una capacidad que los seres humanos modernos ya portaban consigo mientras se expandían por el planeta desde África hacia el resto de los continentes.
Actualmente, los investigadores continúan explorando la red de cuevas de Sulawesi en busca de más evidencias que permitan comprender mejor la vida y las creencias de estos antiguos habitantes. Sin embargo, el tiempo apremia: el cambio climático y las actividades mineras en la zona están acelerando la degradación de las paredes de las cuevas, poniendo en riesgo la conservación de este patrimonio único que ofrece una ventana directa a los albores de la creatividad humana.
T.B