Historias como la de Leticia y su familia reflejan el espíritu de recepción que caracteriza a la cordillera chubutense. Tras iniciar sus vacaciones en el Dique Florentino Ameghino, Leticia y sus dos hijos decidieron extender el viaje hacia el oeste, enfrentándose a los desafíos del clima y la alta ocupación que vive la región en esta temporada.
Una sorpresa al llegar
"Nos confiamos pensando que íbamos a encontrar lugar en Trevelin, pero estaba todo ocupado", relató Leticia. La familia llegó a Esquel cerca de la medianoche, bajo una intensa lluvia. Gracias a la recomendación de una familiar, logró contactarse con un establecimiento local en un horario crítico.
"Llamé casi a las doce de la noche y me atendieron re bien; nos dijeron que viniéramos a la hora que quisiéramos y nos estuvieron esperando hasta la una de la mañana", destacó la turista, valorando la predisposición del lugar para recibirlos fuera de los horarios habituales.
El diferencial de la atención personalizada
Lo que comenzó como una estancia de emergencia por una noche se transformó en una visita prolongada. Leticia subrayó que la calidez de los dueños fue el factor determinante para quedarse: "En otros lados te dan la llave y ya está, pero acá encontrarse con los dueños en el desayuno es algo particular. Están pendientes de si necesitás algo o si encontraste las cosas para cocinar; es espectacular".
El alojamiento les brindó comodidades que facilitaron su estadía familiar, incluyendo habitación con baño privado, cocina equipada, televisión y Wi-Fi, permitiéndoles sentirse "como en casa".
Disfrutar pese al frío
Pese a las condiciones climáticas de los últimos días, la familia aprovechó para visitar Trevelin y reencontrarse con parientes. Con el cese de las lluvias, Leticia planea seguir recorriendo los atractivos locales antes de emprender el regreso. "Ya conocemos La Hoya y otros puntos, pero siempre hay lugares lindos para sacar fotos y disfrutar, aunque haga frío", concluyó.