Un día como hoy, pero de 1809, nacía en Shrewsbury, Inglaterra, Charles Robert Darwin. Lo que comenzó como la curiosidad de un joven naturalista terminaría convirtiéndose en la mayor revolución científica de la historia biológica, transformando para siempre la forma en que el ser humano concibe su lugar en el planeta.
El viaje que lo cambió todo
La carrera de Darwin dio un giro definitivo tras su famoso viaje de cinco años a bordo del HMS Beagle. Durante esta expedición, recolectó muestras y realizó observaciones meticulosas que le permitieron formular su teoría de la evolución por selección natural.
En 1859, publicó su obra cumbre, El origen de las especies, donde introdujo el concepto de "descendencia con modificación". Con esta propuesta, Darwin planteó que todas las especies tienen un ancestro común y que la vida evoluciona a través de procesos naturales y adaptativos.
Darwin no fue el primero en pensar que las especies cambiaban, pero fue el primero en explicar cómo lo hacían mediante estos principios:
Variabilidad: En cualquier población (como un grupo de mariposas), los individuos no son idénticos. Tienen pequeñas diferencias en tamaño, color o resistencia a enfermedades.
Herencia: Muchas de esas diferencias se transmiten de padres a hijos. Darwin no sabía nada de los genes, pero observó que los rasgos "viajaban" por las generaciones.
Sobrepoblación: Las especies producen más descendientes de los que el entorno puede mantener. Esto genera una "lucha por la supervivencia" (competencia por comida, espacio o pareja).
Éxito reproductivo diferencial: Aquí está la clave. Los individuos con rasgos que les dan una ligera ventaja (por ejemplo, mejor camuflaje) tienen más chances de sobrevivir y, lo más importante, de reproducirse. Con el tiempo, esos rasgos ventajosos se vuelven comunes en toda la población.
El Día de Darwin no solo rinde homenaje al hombre, sino que también busca destacar la importancia de la ciencia, la curiosidad intelectual y el pensamiento crítico. La celebración es un recordatorio de cómo la observación y la evidencia pueden derribar antiguos paradigmas y abrir paso a nuevos horizontes de conocimiento.
Hoy, su legado sigue más vivo que nunca en cada laboratorio y estudio genético, reafirmando que la vida en la Tierra es un proceso dinámico y en constante evolución.