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12 de Febrero de 2026
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El nacimiento de Joaquín Sabina, el genio detrás del bombín y el verso

Cumple 77 años el hombre que hizo de la rima una religión y del desamor una obra de arte. Con más de 17 discos y varios libros de poemas, Sabina celebra una vida dedicada a encontrar la belleza en las cicatrices de la noche.

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Hay artistas que cantan y artistas que logran ponerle palabras a lo que todos sentimos pero no sabemos decir. Joaquín Sabina, nacido un día como hoy de 1949 en Úbeda, Jaén, pertenece a esa estirpe de cronistas urbanos que, a base de folk-rock y una honestidad brutal, transformaron la música en español de los últimos 40 años.

 

Una trayectoria entre el exilio y la gloria

 

Hijo de un comisario y una ama de casa, la rebeldía de Sabina se manifestó temprano. Su exilio en Londres durante los años 70 —donde llegó a cantar para George Harrison en un bar— forjó su estilo de "trovador rockero". A su regreso a España, tras la muerte de Franco, se convirtió en una figura central de la Movida Madrileña, aunque siempre manteniendo un pie en la canción de autor y otro en el rock más crudo.

 

Con más de 17 discos de estudio y millones de copias vendidas, Sabina no solo es un músico; es un poeta reconocido que ha publicado varios libros de versos (como Ciento volando de catorce), demostrando que la letra de una canción puede tener la misma profundidad que un soneto clásico.

 

Hitos de una discografía imprescindible

 

Hablar de Sabina es recorrer una geografía de bares, hoteles y corazones rotos. Entre sus hitos más destacados encontramos:

 

"Física y Química" (1992): El álbum que lo terminó de consagrar masivamente con himnos como Y nos dieron las diez y Contigo.

 

"19 días y 500 noches" (1999): Para muchos, su obra maestra. Un disco visceral, nacido de una ruptura y un cambio de vida, que contiene la esencia del Sabina más auténtico y castigado por la noche.

 

"La Mandrágora" (1981): El disco en vivo que capturó la esencia del café-teatro madrileño junto a Javier Krahe y Alberto Pérez.

 

"Vinagre y Rosas" (2009): Un regreso triunfal a la melancolía que demostró que su pluma seguía tan afilada como el primer día.
 

 

El cariño del público hacia Joaquín Sabina trasciende lo musical. Se lo quiere porque no finge. Ha sido transparente con sus excesos, sus miedos, sus depresiones y sus amores. En sus letras no hay héroes, sino personas comunes que llegan tarde a casa, que pierden en el casino de la vida y que buscan desesperadamente un "invierno que no sea frío".

 

Su capacidad para hermanar a España con Latinoamérica (especialmente con Argentina y México, sus "otras patrias") lo convirtió en un embajador cultural único. Sabina es, en definitiva, el amigo que nos acompaña con una copa y una canción cuando el sol se apaga y las luces de la ciudad se encienden.

 

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